PORRERES (Illes Balears)
En un bar
28 Enero 2008 19:28
Me llamaba especialmente la atención Mónica. Cuando ella entraba, oía el dulce sonido del silencio. Era como si el tiempo se parara, atento, como un animal esperando a su presa. Hasta mi lazarillo se inquietaba. Mónica era calurosa, suave y esponjosa. Su alma olía a tierra mojada, fresca. Su voz era ondulada y azulada:
-Pónme un café con hielo.
Era la monotonía, esa voz que cada día deseaba oír. Su sonrisa, como de calles de Nueva Jersey. Se movía como en un sueño, pomposamente. Me hacía sentir como el hielo derretirse en un whisky on the roses. Tenía los cabellos color nación, y sus ojos eran largas carreteras hacia el norte. Sus manos eran paracaídas. Mi salvación. Demasiadas cosechas de sentimientos hirvientes para mi gusto. Y mi corazón cerraba sus párpados. Recité los más hermosos poemas nunca oídos. Los ásperos murmullos del bar estaban alejados en un rincón, dejándome espacio para seguir satisfecho, trabajando, buscando la imperfección.
-Pónme un café con hielo.
Era la monotonía, esa voz que cada día deseaba oír. Su sonrisa, como de calles de Nueva Jersey. Se movía como en un sueño, pomposamente. Me hacía sentir como el hielo derretirse en un whisky on the roses. Tenía los cabellos color nación, y sus ojos eran largas carreteras hacia el norte. Sus manos eran paracaídas. Mi salvación. Demasiadas cosechas de sentimientos hirvientes para mi gusto. Y mi corazón cerraba sus párpados. Recité los más hermosos poemas nunca oídos. Los ásperos murmullos del bar estaban alejados en un rincón, dejándome espacio para seguir satisfecho, trabajando, buscando la imperfección.








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