maryan,
IES PORRERES | 15 Febrero 2008 21:05
“Papá, papá, ¿escuchas…? Tengo nueva amiga.” Mi padre, sin hacerme caso, se fue. ¿Por qué? No pude entenderlo, aunque sabía que mi padre era como una persona de carácter invisible, un ser humano raro desde mi punto de vista, pero normal para él.
Quiero hablar de mi nueva amiga, en realidad, la única amiga que había tenido en mi vida. Era una persona gris, creo que estaba escondiendo algo, aunque no lo decía, no entiendo, no entiendo cómo una persona no dice a una amiga las cosas que siente, será porque no me considera amiga, o no lo sé….
Aunque no conseguía entenderla, sabía que algún día me lo contaría, tenía ese presentimiento. El día llegó.
Era un miércoles por la tarde, una tarde oscura y negra, o así me parecía a mí. Quedé con mi amiga y me dijo: “Creo que eres la única persona en quien puedo confiar, y sabes creo que te lo voy a contar…”. Yo en ese momento me asusté, porque oí de su pequeñita boca una voz aguda que decía cuánto me quería y cuánto había pensado en mí, calló un momento y finalmente dijo:
-Te quiero. Quiero a mi padre. Quería a mi madre.
-Yo también te quiero.
Ella prosiguió y me explicó que no quería a su madre ahora, yo no lo entendía. Ahora ya lo sé, su madre, la madre que la crió, le pegó un día. Yo me acobardé, no lo entendía…
Luego comprendí que su madre no le pegó entonces: la abandonó, la dejó, porque decía que su hija no llegaría a ser una mujer nunca, para ella las mujeres eran las esclavas de los hombres. Irrazonable, imposible de entender.
Ese maldito ser humano sin corazón alguno, inútil e insaciable, abandonó y dejó a la mujer hermosa que a mí me atrajo todo el tiempo.
No pude, no lo evité: lloré, grité, un montón de sensaciones me vinieron a la mente y me desmayé.
Ella me dio agua y me cuidó; sentí un remordimiento de cariño en el estómago y me desperté, volví a gritar y no sabía cómo actuar. No era consciente de mis actos, lo había entendido, pero aún no lo había comprendido.
Nuestro roce y nuestros sentimientos se juntaron, y no se separaron…No, cómo podía estar pasando, éramos amigas, no era la realidad, o sí, un montón de pensamientos innombrables se juntaron y surgió el amanecer gris, cosa rara, pero interesante.
Me levanté, me fui, la llamé, me colgó, grité, lloré, y así fue mi vida hasta mi feliz desenlace, esperado por todos los seres humanos de la tierra.
Por suerte ahora estoy en el mundo indicado, sin remordimientos, sin penas, sin angustias, sin sentimientos, sin amaneceres, sin atardeceres. Sólo yo y mi única especie.
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maryan,
IES PORRERES | 15 Febrero 2008 21:07
“Papá, papá, ¿escuchas…? Tengo nueva amiga.” Mi padre, sin hacerme caso, se fue. ¿Por qué? No pude entenderlo, aunque sabía que mi padre era como una persona de carácter invisible, un ser humano raro desde mi punto de vista, pero normal para él.
Quiero hablar de mi nueva amiga, en realidad, la única amiga que había tenido en mi vida. Era una persona gris, creo que estaba escondiendo algo, aunque no lo decía, no entiendo, no entiendo cómo una persona no dice a una amiga las cosas que siente, será porque no me considera amiga, o no lo sé….
Aunque no conseguía entenderla, sabía que algún día me lo contaría, tenía ese presentimiento. El día llegó.
Era un miércoles por la tarde, una tarde oscura y negra, o así me parecía a mí. Quedé con mi amiga y me dijo: “Creo que eres la única persona en quien puedo confiar, y sabes creo que te lo voy a contar…”. Yo en ese momento me asusté, porque oí de su pequeñita boca una voz aguda que decía cuánto me quería y cuánto había pensado en mí, calló un momento y finalmente dijo:
-Te quiero. Quiero a mi padre. Quería a mi pobre madre.
-Yo también te quiero.
Ella prosiguió y me explicó que no quería a su madre ahora, yo no lo entendía. Ahora ya lo sé, su madre, la madre que la crió, le pegó un día. Yo me acobardé, no lo entendía…
Luego comprendí que su madre no le pegó entonces: la abandonó, la dejó, porque decía que su hija no llegaría a ser una mujer nunca, para ella las mujeres eran las esclavas de los hombres. Irrazonable, imposible de entender.
Ese maldito ser humano sin corazón alguno, inútil e insaciable, abandonó y dejó a la mujer hermosa que a mí me atrajo todo el tiempo.
No pude, no lo evité: lloré, grité, un montón de sensaciones me vinieron a la mente y me desmayé.
Ella me dio agua y me cuidó; sentí un remordimiento de cariño en el estómago y me desperté, volví a gritar y no sabía cómo actuar. No era consciente de mis actos, lo había entendido, pero aún no lo había comprendido.
Nuestro roce y nuestros sentimientos se juntaron, y no se separaron…No, cómo podía estar pasando, éramos amigas, no era la realidad, o sí, un montón de pensamientos innombrables se juntaron y surgió el amanecer gris, cosa rara, pero interesante.
Me levanté, me fui, la llamé, me colgó, grité, lloré, y así fue mi vida hasta mi feliz desenlace, esperado por todos los seres humanos de la tierra.
Por suerte ahora estoy en el mundo indicado, sin remordimientos, sin penas, sin angustias, sin sentimientos, sin amaneceres, sin atardeceres. Sólo yo y mi única especie.
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