VIGO (Pontevedra)
Connor Jules
30 Enero 2008 09:37
Las ásperas yemas de sus dedos golpeaban con fuerza el viejo teclado de su oficina, tenía que acabar de una vez con todo aquello.
Mientras escribía su última línea, recordó todo lo que había cambiado desde la primavera pasada. Sus ojos antes vivos y claros, ahora estaban llenos de melancolía y más oscuros que nunca. Su boca, que solía sonreír con tanta frecuencia, no hacía más que soltar maldiciones y entristecerse. Su cabello, antes claro y brillante, que le daba aquel aspecto juvenil por el que todas las chicas suspiraban, se oscurecía por momentos y se ensuciaba con frecuencia. Su cuerpo no era tan atlético como antes, estaba más desvaído y caminaba algo más desgarbado, con el tiempo se había interesado menos por su apariencia.
Desde las persecuciones, se había vuelto más hosco y precavido. No tenía prácticamente amigos y su familia continuaba disuelta por el mundo. Y pensar que en un tiempo había sido feliz. Ya no se acordaba de aquel sentimiento, la felicidad, que tanto le había regocijado; pero en cuanto pulsó el punto en su teclado, una estúpida alegría inundó sus ojos de lágrimas. Estaba tan cerca…
Mientras escribía su última línea, recordó todo lo que había cambiado desde la primavera pasada. Sus ojos antes vivos y claros, ahora estaban llenos de melancolía y más oscuros que nunca. Su boca, que solía sonreír con tanta frecuencia, no hacía más que soltar maldiciones y entristecerse. Su cabello, antes claro y brillante, que le daba aquel aspecto juvenil por el que todas las chicas suspiraban, se oscurecía por momentos y se ensuciaba con frecuencia. Su cuerpo no era tan atlético como antes, estaba más desvaído y caminaba algo más desgarbado, con el tiempo se había interesado menos por su apariencia.
Desde las persecuciones, se había vuelto más hosco y precavido. No tenía prácticamente amigos y su familia continuaba disuelta por el mundo. Y pensar que en un tiempo había sido feliz. Ya no se acordaba de aquel sentimiento, la felicidad, que tanto le había regocijado; pero en cuanto pulsó el punto en su teclado, una estúpida alegría inundó sus ojos de lágrimas. Estaba tan cerca…








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