rubén amo!!!!!,
COLEGIO AVE MARIA | 28 Noviembre 2007 11:03
Ulises confiado de llegar a Ítaca sin la ayuda de los dioses. Ulises debio de hacer un gran sacrificio a los dioses pero el no ofrecio sacrificio .Los dioses se enfadaron con Ulises y el que mas se enfada es Poseidón. Ulises zarpó con su barco con rumbo a Ítaca pero Poseidón siendo el dios de las aguas no se lo pone nada facil. tras veinte años de navegación por el mar Mediteráneo Ulises llega a Ítaca pero se encuentra con una sorpresa. Unos nobles tomaron su casa pero Ulises rey de Ítaca no se deja intimidar por aquellos nobles. Entonces junto a su hijo Ptelemacomata a todos los nobles y vuelve a juntarse con su mujer Penelope.
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Saioa Uriarte,
IES FEDERICO BARAIBAR | 20 Diciembre 2007 12:03
Alberto tas loco,,,,
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Xiimen@,
IES FEDERICO BARAIBAR | 20 Diciembre 2007 12:14
Alberto tannnn ToNttOoOo...!!WaJajaA
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NaKruL,
COLEGIO MINERVA | 21 Diciembre 2007 03:39
Podía luchar contra innumerables ejércitos sin la ayuda de los dioses pero ahora se enfrentaba a la mar , imprevisible e implacable. Jamás olvidaría aquél invierno en el cuál intentó volver desde las frías aguas del norte hacia su hogar , Ítaca.
¿Qué dios le habría mandado tal maldición?
Es una pregunta a la que no encontraba respuesta pero en esos momentos poco le importaba. Las olas azotaban su barco furiosamente , parecía que la naturaleza deseaba su muerte en aquél océano. El mástil más grande del barco se partió en dos debido a las sacudidas continuas de las aguas y desde ese momento Ulises creyó que no podría volver a postrar sus ojos ante los de su amada Penélope.
-Neptuno , yo , el rey de , Ítaca te imploro que detengas esta tormenta. Si no lo haces moriré aquí mismo junto a todos mis hombres.
Para su sorpresa no fue Neptuno quién bajó de los cielos , sino Ares. Las aguas se detuvieron al instante y el dios de la guerra le habló directamente.
-Te propones dominar el mundo pero el Olimpo no te lo permite , a menos que aceptes mi trato. Me venderás tu alma y lucharás en mi nombre por donde te ordene , a cambio pondré en tus manos las espadas de los dioses , un arma indestructible con la que te auguro grandes victorias.
-Acepto , estoy a tus servicios mi señor.
Desde ese día cada gota que Ulises derramaba lo hacía en nombre de Ares y del Olimpo. Su ejército era temido por todo el mundo y pocos eran los valientes que no se rendían antes de luchar. Pero la sed de sangre nubló su juicio durante varios años haciéndole olvidar lo más importante de su vida , Penélope. Su amada se sumió en una tremenda depresión que la llevaba a la locura , el suicidio rondaba sus pensamientos a diario. Finalmente la poca cordura que le quedaba terminó por desvanecerse y Penélope intentó renacer como un fénix , envolviendo su cuerpo en llamas. Los dioses no hicieron nada por salvarla. Sólo quedaron sus cenizas , cenizas que salieron volando sin rumbo fijo , aparentemente.
Ulises dormía tranquilamente después de una larga y victoria batalla cuando el viento le despertó. Abandonó sus aposentos y se dirigió al patio. Allí divisó un remolino de cenizas , al acercase éstas se introducieron bajo su piel , dejándole un aspecto tremendo. Todo su cuerpo era blanco , como un albino. Lo que cubría todo su cuerpo eran las cenizas de su difunta mujer , Penélope. Ulises habló con Zeus , dios del trueno y señor del Olimpo , pero él se negó a limpiar su piel.
-Abandonaste a tu mujer. La llevarás en tu cuerpo eternamente.
Desde entonces Ulises es conocido como el rey fantasma.
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tony y el torete,
CES MAESTRO DON JOSE JURADO ESPADA | 31 Enero 2008 13:37
Ulises debio pedirle un gran favor a los dioses, pero no le hicieron caso y se enfadaron con el y le cambiaron el rumbo para que no pudiera llegar asu casa. Cuando paso dos años pudo llegar a casa y le conto al rey lo que le habia pasado. Cuando llego a su casa habia un porte de hombres compitiendo por su mujer penelope, su hijo le dijo cuales eran las pruebas y las paso sin derramar ni una gota de sudor, entonces penelope se dio cuenta de que era ulises.
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Debbo,
IES CAÑADA REAL | 8 Febrero 2008 20:02
Pero eso no fue asi pues un dios griego al ver todo su esfuerzo decidió ayudarle para hacerle grande y fuerte como rey y asi se pudiese casar con una mujer bella que se lo mereciera.
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AITOR L.,
JAKINTZA IKASTOLA | 19 Febrero 2008 10:15
Ulises no tiene huevos de luchar con CHUCK NORRIS
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LUKEN P.,
JAKINTZA IKASTOLA | 19 Febrero 2008 10:17
ulises no tiene huevos de luchar con chuck norris y su patada giratoria
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FJM,
IES PORRERES | 9 Abril 2008 19:32
Canta Homero la historia oficial, que Ulises es hijo de reyes y de familia fiel, que presta su cuerpo a la guerra, que olvida a los dioses sin tener que probar las flores de loto, que teje y desteje caballos troyanos con la destreza de su mujer con las telas, que baja al infierno y regresa ileso del aroma de asfódelos, que no hay circe que arañe un minuto de más de su tiempo de héroe, que tapona con cera la orejas de otro y que se degrada a la nada para salvar su pellejo ante los polifemos que surgen a modo de obstáculos uno tras otro. Canta Homero en hexámetros dactílicos, y adorna sus cantos con abundancia de epíteto y detalle, sin perder por ello agilidad en la narración, y mientras va cantando un billete de vuelta en demora, el oyente con luces descubre un viaje interior. Pero calla Homero otras historias perdidas, las que tendrían que ver con los marinos del barco que prueban las flores de olvido, que se transforman en cerdos, que fenecen a bordo o dejan sus cuerpos inertes en tierra o en agua, pero sin los cuales nuestro héroe no hubiera logrado su hazaña, a pesar de sus disfraces, a pesar de la diosa estratega, a pesar de su ingenio, y su suerte y su azar. Olvida Homero a los compañeros de viaje, a los que no llegaron, que también tenían familia, que también soñaron proyectos, y que murieron sin moneda en la boca para entregar a Caronte, y calla Homero, en sus hexámetros dáctilos, que siguen en la orilla del Hades, en agonía y sin paz, y que se preguntan en sus llantos en pena cuál era su destino, que nunca pudieron hallarlo, que siempre fueron piezas a remolque del destino de otro, a quien canta Homero, y nosotros oímos sus cánticos sin reparar nunca en ellos.
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