M@rYkArM€n!!,
COLEGIO SALESIANO MARIA AUXILIADORA | 16 Diciembre 2007 10:50
Un buen día, Jesús estaba paseando por el campo, como solía hacer muy a menudo. Andaba, andaba... Había ido ya tantas veces por ese camino que sus pies parecían tener vida propia, sin que él los dirigiese. Jesús se conocía tan bien el campo y particular ese camino que su sorpresa fue mayúscula cuando se encontró una moto tirada a un lado. Era moderna, de los últimos modelos que habían salido (así que Jesús supuso que sería de alguien joven), pero estaba destrozada y llena de barro. Jesús se alarmó y aceleró todo lo que pudo. La escena que acababa de ver tenía signos muy evidentes de un accidente, así que los que fueran no podrían andar muy lejos. En efecto, al cabo de unos diez minutos Jesús divisó un par de figuras borrosas que caminaban cojeando. Se acercó un poco más, y las figuras se giraron hacia él. Eran dos chicas de unos doce, trece años, no más. Parecían asustadas, y aliviadas por haberse encontrado con alguien. Tenían la ropa medio desgarrada y llena de barro, el pelo muy revuelto y numerosas heridas y golpes por todo el cuerpo; llevaban sus pendientes y demás accesorios en la mano. Una de las chicas parecía a punto de desmayarse, y Jesús consiguió cogerla justo antes de que llegase al suelo.
- Pero, ¡¿qué os ha pasado?!
- S...soy Estela, y...¿y usted? Ay, estoy tan confusa... mire, íbamos a comprar pegamento para arreglar los juguetes de mi hermana, pero Elena ha perdido el control de la moto y nos hemos caído, no sé...y encima no quiso ponerse el casco... gracias a que íbamos despacio... pero mírela, si es que ya se lo dije yo. Y ahora ni puede tenerse en pie.
Estela se echó a llorar de pura desesperación, pero ahí estaba Jesús, al que los años le habían enseñado muchas cosas de la vida.
- Tranquila, hija mía. Yo vivo en la ciudad, pero tengo una casita pequeña no muy lejos de aquí. De hecho, su hubieráis seguido un poco más la habríais visto. Venga, cálmate un poco y ayúdame con tu amiga, que yo ya estoy mayor, jeje...
- ¡Espere! Tenemos que volver donde la moto primero, tengo cosas que recoger.
Jesús acompañó a Estela hasta su moto, y entre los dos llevaron a Elena, que aún no había recuperado el conocimiento. Estela consiguió recuperar su chaqueta y pocas cosas más, pero aún así parecía más tranquila.
- ¿Ya lo tienes todo? Ay hija mía... No te preocupes que todo se va a arreglar, yo os ayudaré.
Jesús esbozó una sonrisa, y la chica parecía algo más relajada. Juntos los tres, echaron a andar por el camino.
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Juan Carlos C,
COLEGIO SALESIANO MARIA AUXILIADORA | 16 Enero 2008 19:30
El abuelo al no encontrarlo sentido a su vida decidió hacer feliz a los miembro más importantes de su familia ( para el ) entonces decidió salir y comprarle unos pendientes a su única nieta; Cuando llegó a casa con los pendientes nuevos para su nieta, mientras iba caminando hacia la cocina para tomarse un vaso con agua fría, se le cayeron los pendiente y los aplastó de un pisotón. El abuelo de inmediato fue por su caja de herramientas donde tenía pegamento y pegó los pendientes, el abuelo satisfecho por su trabajo, cogió papel de regalo y los envolvió. Cuando su hija llegó a la casa con su hija, como era de costumbre, el abuelo esperó a que si nieta fuera a saludarlo para entregarle el regalo, pero cuando la niña se acercaba corriendo se enredó con la alfombra y estrelló su rostro contra el suelo, la madre inmediatamente fue a socorrer a su hija, pero cuando la levanto del suelo para consolarle el llanto,vio que le estaba saliendo sangre por la nariz, pero no solo era eso si no que la nariz estaba deformada por el golpe, la madre de inmediato fue por hielo a la cocina y se lo puso en la nariz, pero el ver que la hemorragia no paraba decidió salir al hospital con su moto, pero era imposible llevar a su hija en la moto ya a que como estaba llorando y no se iba a sostener. La madre al contemplar la posibilidad de que su hija se cayera en la moto, no le causaba gracia, entonces llamó a un taxi.
El abuelo obviamente se quedo en casa porque sabía que si iba al hospital seria un estorbo, entonces llamo a su hija para saber como iba su nieta, su hija llorando le respondió que tendrían que operarle el tabique a su hija. Cuando terminó la cirugía Magdalena la mamá de la nieta del abuelo llamó a su padre para ver si quería pasar por el hospital para visitar a su nieta, el abuelo cogió los pendientes y pidió otro taxi. Cuando estaba en la habitación con su nieta le entregó lo pendientes, pero la nieta no podía decirle nada, pero bastó con una lágrima de ella para que el abuelo entendiera que le habían encantado.
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Paulita!!,
COLEGIO SALESIANO MARIA AUXILIADORA | 21 Enero 2008 16:29
Jesús tenía una hija que se había ido del pueblo hace mucho años. Ella se fue para conocer mundo y estudiar su carrera. Siempre había querido a su padre, pero Jesús sabía que se tenía que ir de ese pueblo, tan pequeño para su gran espíritu aventurero. Su mujer, había muerto hacía unos años. Él cada vez se encontraba más viejo y solitario y no encontraba ocupación ni entretenimiento. Tan solo sus largos paseos por los alrededores de la comarca le hacían retroceder en el tiempo y sentirse mejor. Una noche de verano, pasó uno de esos jóvenes con una moto estruendosa por su calle, llenándolo todo de humo y despertándole. Había tenido un mal sueño y no intentó dormirse otra vez. A si que mal diciendo al joven ese de la moto, se fue al baño a ponerse la dentadura, tenía algo de hambre y quería comer. Al cogerla, tiró el vaso que la contenía sin querer, y éste se rompió en miles de cachitos. mal diciendo aún más su mala suerte aquella noche se agachó para recogerlos y mientras lo hacía descubrió un brillo tenue que había detrás del lavabo. Metió la mano expectante y encontró un pendiente de plata pequeño, muy elegante. Instantáneamente sintió como las lágrimas le corrían por la cara. Ese pendiente fue de su mujer, y se perdió el día del bautizo de su pequeña. Nunca lo habían vuelto a encontrar y su mujer guardó en una caja que ahora tenía él el pendiente desparejado. Olvidándose del hambre que había sentido tener, se dirigió a su cuarto y buscó el pendiente en la caja que tenía abierta en su mesilla. Y lo encontró. Allí estaba, igual que el que acababa de encontrar, brillante y redondo. Tan perfecto, recordaba perfectamente como su madre se los había regalado a su futura esposa, el día de su pedida de mano.
Decidió guardarlos, pero en ese momento una de las bolitas de plata se cayeron. Las cogió con sumo cuidado y decidió pegarlas con uno de sus super pegamentos que aun conservaba de cuando hacía bricolaje y cosas de esas.
Cuando terminó, descolgó el teléfono y llamó a su hija. Él sabía que era tarde y que estaba durmiendo. Pero necesitaba hablar con ella.
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