MsPurple,
COLEGIO SANTA LUISA DE MARILLAC | 17 Diciembre 2007 15:43
El final de una historia que a pese de ser la angustia misma, puede esconder las más bellas palabras que en su desdichada existencia jamás fue capaz de pronunciar.
En su alma carcomida ya no existe ni un solo latido de esperanza, solo la huella amarga que plasmó en él la temprana madurez y la dulce juventud abandonada demasiado pronto. El exilio prematuro del paraíso.
Hace tiempo que la esperanza de pedir un deseo a un estrella se esfumó para no volver, y la ilusión por cualquier cosa partió lejos de su podrido corazón, como una efímera tarde de verano, tras la que se esconde la dolorosa figura de la tormenta.
Quizá el tiempo borre cualquier recuerdo de su existencia, o la vejez torne sus ideas en una vorágine inconexa. Pero sus escritos, las palabras de un hombre marcado por su propia infelicidad, será el éxtasis por un momento de algún lector empedernido.
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InMa-Yan,
COLEGIO MADRES CONCEPCIONISTAS | 28 Enero 2008 19:28
Le conocí en la Hontanilla , aquel lugar frío y oscuro a simple vista , pero que alberga el calor de decenas de adolescentes cada viernes.
El latido de mi corazón se aceleró al verle, no era como los demás. Tenía algo especial en su mirada, algo que me llamaba a gritos. Al presentarnos y darnos dos besos mi alma dio un vuelco. Sentí unas ganas tremendas de quedarme a su lado. A medida que iban pasando los días no dejaba de pensar en aquel chico , un personaje de mi cuento de hadas. Solo deseaba que llegase el viernes para estar junto a el. Y justo, aquella tarde, ocurrió el más de mis profundos deseos. Sin saber como, acabamos a solas hablando de miles de asuntos, me contó cosas muy importantes, tales como que había llegado a pensar en el suicidio hasta que me conoció. Nuestras miradas se cruzaron un instante, solo hizo falta un suspiro , y un único beso que me llevó a la más alta estrella. Sentir sus labios junto a los mios fue lo más especial. Desde aquel día el cambió , no pensó nunca más en tristeza, todo fue alegría. Desde aquel día...vivo en una nube.
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Alexandra Camba,
CPEIPS MARPE ALTAVISTA | 27 Febrero 2008 23:10
Porque él no quería dar final a una historia que no existía. Sencillamente era imposible. Pero, ¿cuál era esa historia que aún no era historia porque nunca había ocurrido? Esa historia comenzó cuando la brisa arremolinó las hojas en torno al banco del parque en el que se sentaba todas las tardes el poeta. Y aquella era una tarde limpia y clara, como un amanecer, de finales de junio. Encorvado sobre el cuaderno vacío, miraba las puntas de sus zapatos, intentando atrapar una quimera perdida en la vaga superficie de su alma. Entonces sintió que alguien tiraba de la manga de su gabardina. Bajó los peldaños que conducen a la imaginación hasta llegar a la realidad y volvió la vista. A su lado había una niña que lo miraba con infinita curiosidad. Como él no le prestó la atención debida, la niña volvió a insistir tirándole más de la manga. “¿Qué?”, preguntó el poeta con rostro inexpresivo. “¿Qué hace?”, inquirió la pequeña. El hombre le dijo simplemente: “Escribo”. “Ah … ¿Y sobre qué?”, volvió a indagar. Bajó la mirada un momento, sin saber qué responder, alzó la vista a la niña y la contempló un rato. La chica vestía de blanco, bueno, toda ella era blancura: piel blanca, ojos claros, sin un color definido: lo mismo podían ser grises que azules o verdes. Igualmente ocurría con el pelo: sólo se sabía que era claro, nada más. Al final, el joven poeta que no parecía joven, se dignó a contestar. “¿Sobre qué? Pues, sobre nada”. La niña lo miró sin entender. “Eso es una majadería. Nadie puede escribir sobre nada porque la nada no existe”. La joven tenía razón y el poeta, interiormente, se la dio. “Señor, ¿es usted un poeta? Porque yo puedo ayudarle, ¿sabe? Soy muy lista. Así que podría decirle sobre qué escribir” El poeta sonrió por primera vez en mucho tiempo. Sonrió de verdad a la ocurrencia de la pequeña. Nunca nadie se le había acercado así, diciendo tales cosas. “No, pero gracias”, rechazó él. De pronto, reparó en los misteriosos ojos de la niña y vio en ellos la luz de una estrella. Un latido casi quedó suspenso en su corazón, así , sin saber por qué. La niña le tendió la mano e hizo un ademán para que la siguiera. No pudo reprimir el impulso de tomar su mano y seguirla. Esa muchacha tenía algo que la situaba entre lo imposible y lo tangible. Y juntos, de la mano, pasaron por bosques, valles y praderas, a la par que en la mente del poeta se arremolinaban, igual que las hojas alrededor del banco, rimas, historias, versos y, otra vez, rimas, historias, versos, hasta que ambos llegaron a un lago en el que rielaban las estrellas y luciérnagas. La tarde había dado paso a la noche y, para entonces, la mente del poeta rebosaba de riquezas: una torre de marfil llena de sueños, un carruaje tirado por quimeras y una pluma con tinta hecha de la luz del sol y de la luna llena.
- ¿Quién eres? Tu luz ha iluminado las historias que existían en mí sin que yo supiera que existiesen. ¿Cuál es tu nombre?
- Poesía.
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