VALLADOLID (Valladolid)
Más lobos, Caperu
2 Marzo 2008 22:00
- Una tarde de primavera, su madre le pidió que le llevara una cestita con pasteles y miel a su abuelita, que estaba enferma y vivía al otro lado del bosque. “Date prisa y no te entretengas por el camino”, le advirtió. Caperucita cogió la cestita y comenzó a caminar hacia el bosque. Entonces...
- ¡...Entonces se encontró con el lobo feroz y éste se la comió!
- ¿A tu edad no te sabes el cuento de “Caperucita Roja”?
- ¡Por Dios, Marian, a estas alturas incluso la niña se lo sabe de memoria! –apuntó con ironía el tío de la criatura.
- Con tal de que no llore, - respondió la madre con voz cansada, sin levantar la vista del cochecito del bebé - yo se lo repito las veces que haga falta.
- Podrías variar un poco, digo yo. Seguro que “Blancanieves” causa el mismo efecto.
- Que no, Carlos, que no. A Sofía le impresiona el lobo, es lo que más le impresiona de toda la historia.
- ¿En “Blancanieves” no había lobo? Da igual, en los “Tres Cerditos” juraría que sí. ¿Por qué no le cuentas los “Tres Cerditos”? – su hermana le miró casi ofendida-. Era sólo una sugerencia, a mí “Caperucita Roja siempre me ha gustado mucho...
Marian se volvió hacia su niña. Sus ojos azules, del mismo color que los de ella, brillaban.
***
- ¡Sofía, guapa, piensas salir del cuarto de baño hoy o es preferible que me vaya a Sebastopol a...?
- Ya voy, ya voy...- dijo Sofía en tono cansino-. Cualquiera diría que llevo dos días aquí metida...
- Poco ha faltado...- replicó su hermano, enfurruñado, cerrando la puerta del baño tras de sí.
- Sofía, por favor- le pidió su madre antes de que ella se marchara –no te entretengas al volver, que tienes que cuidar de tu hermano mientras papá y yo estamos fuera.
“Ventajas de ser la hija mayor”, pensó Sofía, resignada, a quien no le hacía gracia ejercer de niñera de un niño de nueve años mientras sus padres resolvían asuntos de trabajo. Procuró no parecer molesta por ello, al fin y al cabo apenas le quedaban tres meses para cumplir veintiún años.
- De acuerdo- contestó mientras cogía con cuidado su bolso negro, un regalo de su madre. Tenía especial interés en no estropear algo que llevaba dentro.
Sofía salió de casa. Había mucha gente en las calles de Valladolid. Era una tarde de primavera.
- ¡...Entonces se encontró con el lobo feroz y éste se la comió!
- ¿A tu edad no te sabes el cuento de “Caperucita Roja”?
- ¡Por Dios, Marian, a estas alturas incluso la niña se lo sabe de memoria! –apuntó con ironía el tío de la criatura.
- Con tal de que no llore, - respondió la madre con voz cansada, sin levantar la vista del cochecito del bebé - yo se lo repito las veces que haga falta.
- Podrías variar un poco, digo yo. Seguro que “Blancanieves” causa el mismo efecto.
- Que no, Carlos, que no. A Sofía le impresiona el lobo, es lo que más le impresiona de toda la historia.
- ¿En “Blancanieves” no había lobo? Da igual, en los “Tres Cerditos” juraría que sí. ¿Por qué no le cuentas los “Tres Cerditos”? – su hermana le miró casi ofendida-. Era sólo una sugerencia, a mí “Caperucita Roja siempre me ha gustado mucho...
Marian se volvió hacia su niña. Sus ojos azules, del mismo color que los de ella, brillaban.
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- ¡Sofía, guapa, piensas salir del cuarto de baño hoy o es preferible que me vaya a Sebastopol a...?
- Ya voy, ya voy...- dijo Sofía en tono cansino-. Cualquiera diría que llevo dos días aquí metida...
- Poco ha faltado...- replicó su hermano, enfurruñado, cerrando la puerta del baño tras de sí.
- Sofía, por favor- le pidió su madre antes de que ella se marchara –no te entretengas al volver, que tienes que cuidar de tu hermano mientras papá y yo estamos fuera.
“Ventajas de ser la hija mayor”, pensó Sofía, resignada, a quien no le hacía gracia ejercer de niñera de un niño de nueve años mientras sus padres resolvían asuntos de trabajo. Procuró no parecer molesta por ello, al fin y al cabo apenas le quedaban tres meses para cumplir veintiún años.
- De acuerdo- contestó mientras cogía con cuidado su bolso negro, un regalo de su madre. Tenía especial interés en no estropear algo que llevaba dentro.
Sofía salió de casa. Había mucha gente en las calles de Valladolid. Era una tarde de primavera.








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