Elena-Brempa
IES TIEMPOS MODERNOS
ZARAGOZA (Zaragoza)

Bajo los focos.

27 Marzo 2008 19:55
Se contempló en el espejo como si fuera la primera vez. Rozando la condena a la eterna mueca de felicidad, se retocó la pintura de los ojos y se vio reflejado en sus pupilas. Seguía igual. Igual de hermoso, exactamente igual de horrendo que su primera vez. Tantos años atrás... Suspiró y apagó las luces que rodeaban el espejo desde el que ese desconocido lo estudiaba de arriba a abajo. Otra función más, otro día que tachar en su calendario. Decidió guardarse su sonrisa sincera para cuando de verdad la sintiera, cuando fuera totalmente pura; esa tarde sacaría del bolsillo la falsa, la perfecta, la que le llenaba los oídos de gritos y aplausos. Escuchó la voz del de todos los días, su viejo amigo, su mentor, aquel que, aún hoy, le arañaba el alma con su incansable simpatía.
- ¿Estáis preparados?- Un coro de voces blancas le respondieron a pleno pulmón. Saboreó la ilusión de cada uno de esos pequeños.
Con una destreza envidiable, echó a andar hasta sentir la arena bajo sus zapatos verdes, reluciendo, vivos. A oscuras, se imaginó las caras que lo iban a estar observando, con cautela al principio, para romper en armonía con su esencia al final. Su esencia… ¿Era de verdad ésta su esencia?

La luz lo cegó. Como cada actuación. Segundos antes de iniciar su número, observó al público: los niños, expectantes, le sonreían esperanzados o le lanzaban miradas de temor que escondían a medias detrás de sus mejillas sonrosadas; una madre aprovechó para peinarle las coletas a su pequeña: mientras, alguien tosió en la vieja pero imponente carpa. Decidido a no continuar con esa monotonía que iba carcomiendo su existencia, comenzó a trepar por su espacio de protagonismo. Sin embargo, todos los focos del recinto se apagaron al mismo tiempo, apenas segundos antes de cobrar vida, sumiendo a todos los presentes en una penumbra casi espectral. Los niños cerraron los ojos, gestando el temor por dentro, pugnando por hacerse real a través del llanto cristalino de la infancia; la madre dejó de peinarle las coletas a su hija y la abrazó con fuerza; alguien gritó alertando hasta a los animales que, en sus jaulas, vivían el momento con tranquilidad aparente. Y las luces no volvían. ¿Qué ocurría? El ajetreo comenzó entre bambalinas. ¡Había que encender las luces, como fuera!

Se percibió el atisbo de un destello de luz. En medio del escenario del oscuro circo, el joven payaso estaba sonriendo. Se deshizo de sus zapatos verdes. Ahora, justo ahora, iba a ser capaz de romper esa rutina desquiciante.
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Sandra i., IES TIEMPOS MODERNOS | 18 Abril 2008 13:54
En ese preciso momento el triste pero a la vez contento payaso sintió un gran escalofrio que le recorrío por todo su fragil y ya anciano cuerpo.
Tanto tiempo preparado para hacer feliz a esos pobres muchachos y de repente se encuentra solo, en medio de el que había sido un gran circo y que ahora se desvanecía junto a esa luz que en sus tiempos iluminó todas las caras llenas de esperanza y emoción.
Aun cansado de llenar de felicidad y carcajadas día a día ese circo, el payaso echó de menos los tiempos en los que la gente no era tan egoísta y podía esperar para contemplar lo bueno de verdad un lugar que unía a las familias y estaba lleno de armonía.
Un grito acusador altero aun más el oscuro circo -Que empiece ya, por dios- gritó una mujer histérica.-
-Valla virría de circo, eso no es un payaso ni es nada...- murmuró un niñi impaciente.
En ese momento el hombre que había entregado toda su vida a los niños, sintió como una gran herida le crecía en el corazón y tras su cara pintada se pu´dieron contemplar como las lágrimas le caían por las mejillas sin poder siquiera ocultar ese gran dolor.
La gente seguía gritando, mientras le tiraban cosas a ese horrible payaso, que se quedó en blanco sin hacer nada.......
Pero cada grito que le mandaban era para él un gran puñal lleno de ignorancia y dolor.
De repente, para él, la luz se iba desvaneciendo y ya no podía siquiera distinguir lo que tenía delante.
Brazo,trás brazo, pierna trás pierna, todo el cuerpo de ese anciano le pesaba demasiado, demasiado como para seguir ahí,
Pero fue entonces en ese preciso momento cuando noto como su cuerp se desvaneció sobre el suelo quedando completamente inerte.
Y así, en el suelo, lanzando sus últimos suspiros,sus últimos pestañeos tras los que caían un mar de lágrimas, se marchó para siempre con un último recuerdo de un circo oscuro.
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