XATIVA/JATIVA (Valencia)
Algo más que popularidad.
10 Abril 2008 14:50
Era un día cualquiera, de la rutinaria vida de Juanma, un chico de diecisiete años cuyo objetivo simplemente consistía en ser el más popular y que todas las niñas lo admiraran.
Él, como cualquier otro de su status, estaba con la chica más atractiva de su clase, Patricia. Llevaban dos años de aparente relación, digo aparente porque no se les solía ver demasiado juntos. J.M. , como le llamaban sus amigos, era el mandamás de su pandilla, formada por los jóvenes más guapos del instituto. Solían ir siempre en grupo a todas partes.
Ese día Alejandro, uno de sus mejores amigos, fue a recogerlo para ir a jugar al fútbol como todas las semanas.
Hacía ya unos días que por algún motivo desconocido la actitud de Alejandro con él, le preocupaba bastante, pero no le quiso decir nada.
Llegaron al campo, como siempre, Patricia le animaba desde la grada, con sus gritos incontenibles e inaguantables, captando así la atención de todos.
Comenzó el partido y un defensa del equipo contrario le dio una patada a Juanma, era evidente que había sido intencionadamente. Pues el defensa estaba cansado de su chulería y prepotencia. Aunque solo algunos se percataron de ello.
Después de una intensa visita al médico, el chico hubo de permanecer dos semanas en cama. Dos semanas que se le hicieron eternas. Sus amigos iban de vez en cuando a visitarle, le traían los deberes, etc.
Sin embargo pasaron los días y Patricia ni siquiera se molestó en acercarse. Quiso excusarse con la barbaridad de exámenes que habían tenido esa semana, pero Juanma sabía demasiado bien que lo de estudiar no era precisamente el mayor interés de la chica.
En una de sus frecuentes visitas, Alejandro se acercó a su casa para ver cómo se encontraba. Tenían toda la tarde por delante, así que J.M al fin se atrevió a preguntarle el porqué de su distanciamiento hacía ya varias semanas, Alejandro se ruborizó al instante y no supo cómo responder así que asumiendo todo riesgo le dejó una carta, que hacía tiempo que tenía preparada, en la mesita. Cuando su amigo se marchó, Juanma leyó la carta, su cara palideció, se negaba a creer todo lo que su amigo le había confesado.
Él, como cualquier otro de su status, estaba con la chica más atractiva de su clase, Patricia. Llevaban dos años de aparente relación, digo aparente porque no se les solía ver demasiado juntos. J.M. , como le llamaban sus amigos, era el mandamás de su pandilla, formada por los jóvenes más guapos del instituto. Solían ir siempre en grupo a todas partes.
Ese día Alejandro, uno de sus mejores amigos, fue a recogerlo para ir a jugar al fútbol como todas las semanas.
Hacía ya unos días que por algún motivo desconocido la actitud de Alejandro con él, le preocupaba bastante, pero no le quiso decir nada.
Llegaron al campo, como siempre, Patricia le animaba desde la grada, con sus gritos incontenibles e inaguantables, captando así la atención de todos.
Comenzó el partido y un defensa del equipo contrario le dio una patada a Juanma, era evidente que había sido intencionadamente. Pues el defensa estaba cansado de su chulería y prepotencia. Aunque solo algunos se percataron de ello.
Después de una intensa visita al médico, el chico hubo de permanecer dos semanas en cama. Dos semanas que se le hicieron eternas. Sus amigos iban de vez en cuando a visitarle, le traían los deberes, etc.
Sin embargo pasaron los días y Patricia ni siquiera se molestó en acercarse. Quiso excusarse con la barbaridad de exámenes que habían tenido esa semana, pero Juanma sabía demasiado bien que lo de estudiar no era precisamente el mayor interés de la chica.
En una de sus frecuentes visitas, Alejandro se acercó a su casa para ver cómo se encontraba. Tenían toda la tarde por delante, así que J.M al fin se atrevió a preguntarle el porqué de su distanciamiento hacía ya varias semanas, Alejandro se ruborizó al instante y no supo cómo responder así que asumiendo todo riesgo le dejó una carta, que hacía tiempo que tenía preparada, en la mesita. Cuando su amigo se marchó, Juanma leyó la carta, su cara palideció, se negaba a creer todo lo que su amigo le había confesado.








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