MAO/MAHON (Illes Balears)
Lara
14 Abril 2008 11:45
Se que la historia que os narraré a continuación no la puedo contar, ya que es una historia de lá más triste que se puede vivir y sucedió realmente. Lara era una chica de 17 años, a punto de cumplir los 18. Faltaban tan sólo quince días para cumplirlos... Estaba tan feliz. Casi era mayor de edad, podia hacer lo que quisiera: conducir su prpio coche, trabajar, llegar a altas horas de la madrugada tras una larga noche de fiesta... ¡Iba a ser genial!
Lara era perfecta: tenía los ojos azules como el mar, su pelo era castaño como el chocolate, era muy inteligente... Todas sus virtudes eran perfectas, pero había una que las rompía todas: las drogas.
Lara llevaba fumando desde los 13 años, porque se junto con una chica que no le convenía para nada: una chica que se llamaba Juana. Juana fumaba desde que tenía 9 años. Sus padres estaban separados.
Juana llevo a Lara al mundo de las drogas cuando tuvo los 14 años, hasta que un día decidieron cambiarla de instituto y de ciudad.
Lara se vio sola ante ese mundo sin su amiga, pero todo eso cambió cuando conoció a Manuel.
Un chico de Turquía que tenía 15 años y había repetido curso. Se hicieron muy amigos y Lara quiso quedar con él esa misma tarde. Quedaron el parque y en un momento, Lara sacó cocaína de su bolsillo y le preguntó a Manuel si quería probar. Le contestó que no. Insistió tanto que la probó. Al principio no le gusto, pero después quiso más.
Se pasaron toda la tarde fumando y cuando miraron el reloj para saber que hora era se quedaron impresionados: ¡eran las 22:30 de la noche! Cada uno se fue para su casa.
Cuando manuel llegó, su madre lo llamó y le preguntó donde había estado, que porque llegaba tan tarde... Le contestó que había ido al cine con unos amigos y que se habían enredado un poco. Y se fue corriendo para que su madre no oliese el olor que desprendia toda su ropa.
Se fue a duchar y después a dormir, cuando de repente alguien lo llamaba al móvil.
Era Lara. Le preguntaba si mañana por la tarde se iba con ella a fumar. Manuel aceptó y quedaron a las 17:00 dónde siempre.
Cuando acabaron de fumar se fueron para casa. Manul llegó y su madre vió que tenía los ojos rojos e inchados.
Le preguntó lo mismo que la noche interior y le contestó que nada que estaba cansado y que se queria ir a dormir.
Siguió insistiendo que Manuel levantó la mano y le pegó.
Le dijo que le dejara en paz, que se metía siempre en sus asuntos, que no le dejaba vivir su vida...
Lara era perfecta: tenía los ojos azules como el mar, su pelo era castaño como el chocolate, era muy inteligente... Todas sus virtudes eran perfectas, pero había una que las rompía todas: las drogas.
Lara llevaba fumando desde los 13 años, porque se junto con una chica que no le convenía para nada: una chica que se llamaba Juana. Juana fumaba desde que tenía 9 años. Sus padres estaban separados.
Juana llevo a Lara al mundo de las drogas cuando tuvo los 14 años, hasta que un día decidieron cambiarla de instituto y de ciudad.
Lara se vio sola ante ese mundo sin su amiga, pero todo eso cambió cuando conoció a Manuel.
Un chico de Turquía que tenía 15 años y había repetido curso. Se hicieron muy amigos y Lara quiso quedar con él esa misma tarde. Quedaron el parque y en un momento, Lara sacó cocaína de su bolsillo y le preguntó a Manuel si quería probar. Le contestó que no. Insistió tanto que la probó. Al principio no le gusto, pero después quiso más.
Se pasaron toda la tarde fumando y cuando miraron el reloj para saber que hora era se quedaron impresionados: ¡eran las 22:30 de la noche! Cada uno se fue para su casa.
Cuando manuel llegó, su madre lo llamó y le preguntó donde había estado, que porque llegaba tan tarde... Le contestó que había ido al cine con unos amigos y que se habían enredado un poco. Y se fue corriendo para que su madre no oliese el olor que desprendia toda su ropa.
Se fue a duchar y después a dormir, cuando de repente alguien lo llamaba al móvil.
Era Lara. Le preguntaba si mañana por la tarde se iba con ella a fumar. Manuel aceptó y quedaron a las 17:00 dónde siempre.
Cuando acabaron de fumar se fueron para casa. Manul llegó y su madre vió que tenía los ojos rojos e inchados.
Le preguntó lo mismo que la noche interior y le contestó que nada que estaba cansado y que se queria ir a dormir.
Siguió insistiendo que Manuel levantó la mano y le pegó.
Le dijo que le dejara en paz, que se metía siempre en sus asuntos, que no le dejaba vivir su vida...








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