CASTELLDEFELS (Barcelona)
Todo o nada
18 Abril 2008 10:00
Todo comenzó tras la firma de un contrato: un nuevo club, una nueva temporada, una nueva ilusión. Yo ya no soy un crío y ésta va a ser mi última temporada. La liga transcurre con normalidad, pero con emoción. Ganamos la mayoría de los partidos. Nuestra situacion en la competición era inmejorable: la primera posición, distanciados a seis puntos del segundo y quedaban dos partidos de liga. En el penúltimo partido, en casa, fallamos, perdemos tres a uno tras saltar al terreno de juego con la sensación de superioridad por el simple hecho de ir primeros y de desarrollar un buen juego. Nuestro maximo rival, sin embargo, nos sorprende, tiene más suerte y nos gana: me dejaron solo en el primer gol, no pude parar el penalty del segundo y el tercero fue un gol en propia puerta, de mi defensa central, y nuestros delanteros haciendo tres largueros y dos pósteles. Ya sólo está a tres puntos. Este último partido es el más importante: tenemos como mínimo que empatar, pues nos jugamos el titulo. Ellos ganarán seguro: si venciera el colista sería la máxima sorpresa de la jornada y de la temporada. Poseen e gol "average", por el desastroso del domingo anterior. Iniciamos el partido de manera insuperable, con un gol muy temprano. Vamos ganando: la liga es nuestra. Finaliza la primera parte y entramos euforicos al vestuario. Salimos al campo con la moral por las nubes. El colegiado da inicio a la segunda parte. Jugamos como sabemos, dominando por completo, pero ellos se juegan la permanencia, necesitan ganar, y cuando perdonas es fácil que te pasen factura. En efecto, en el minuto setenta y cuatro se produce una falta al borde del área. La mayor virtud del rival son las jugadas a balón parado. No hacen otra cosas que ensayar jugadas de estrategia: ese es su juego. Coloco la barrera perfectamente, pero el disparo rebota en uno de mis defensas y observo impotente como entra el balón en mi porteria. El gol parece romper todos nuestros sueños, pero nuestro capitán nos anima al recordar que con el con el empate nos vale. Desde la portería, animo a mis jugadores a aguantar el tiempo que queda, a controlar el balón. Los minutos pasan y una pelota perdida en el medio campo nos puede suponer la derrota. Toda una temporada, todos nuestros esfuezos pueden resultar inútiles. El delantero del equipo contrario corre como si se jugase la vida en ello. Estamos en tiempo añadido y pueden conseguir los tres puntos. Entra solo en el área y nuestro central, en una carrera desesperada, se ve obligado a derribarlo por detras. El colegiado señala la pena máxima y la roja directa. Perdemos los papeles y corremos hacia el colegiado. Sin dudarlo, empieza a sacar tarjetas amarillas. Nuestro capitán le reclama el fin del partido y de manera despiadada le dice que, después del penalty, terminaria el partido. El delantero, máximo goleador de su equipo, especialista, coloca la pelota en el punto de penalty. Le miró fijamente a los ojos, esperando descubrir su intención oculta, de donde chutará, antes de que el colegiado toque el silbato, ese molesto ruido, que te paraliza o te hace saltar como un tigre. Si paro el penalty, ganamos la liga. Si no lo paro, la perdemos. El partido de nuestro rival y aspirante al título ha acabado con victoria local, en ese mismo instante se anuncia en el marcador del estadio. Todo o nada, héroe o villano. El árbito pita...








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