CARCASTILLO (Navarra)
Ausencia
20 Abril 2008 13:18
Tres. Tres han pasado ya. Tres son los años que nos separan de aquellas últimas palabras en la puerta de nuestro apartamento. Antes sólo nuestra casa, pero desde aquel día nuestra “casa del terror”, esa horrible atracción, dentro de una pesadilla de la que no queremos irnos por ti. Aquí todo son recuerdos, cada día, a cada hora, en cada segundo. Instante tras instante únicamente se espera una llamada; en el timbre o a cualquiera de los teléfonos que aparecen en millones de fotocopias, repartidas por toda España, y en las que la protagonista eres tú. Tu foto, tu nombre, y la palabra que mejor te identifica: desaparecida.
El pueblo entero y Navarra al completo ha sido un apoyo incondicional. Te hemos buscado en cada parque, en cada plaza, en cada centro comercial, en cada hospital, en cada lugar en el que has podido estar, pero ni rastro.
La gente ya empieza a cansarse, a darte por perdida. No sabes cómo duele ver eso, pero yo soy fuerte, al igual que lo eres tú. Por eso sé que nadie ha podido contigo, con esa mirada alegre, con esa alma valiente.
Aún así, todas las noches, al acostarme en la cama e intentar dormir, vienen a mi cabeza preguntas y más preguntas sin respuesta, a las que temo. ¿Dónde estás, hija mía? ¿Estarás bien? ¿Comerás cada día? ¿Dormirás bajo un techo? ¿Te acordarás de mí?
Y al levantarme cada mañana y no escuchar esa voz tan dulce gritando “mamá, la princesa quiere despertar, ¿dónde está la reina que va a darle el beso correspondiente?”, me entristezco, mucho, pero al mismo tiempo tu recuerdo me da energía y fuerza, que me ayuda a mantener viva la esperanza.
Lo que haga falta con tal de encontrarte. Lo que sea con tal de que vuelva esa pieza tan importante que falta en mí, que forma parte de mi ser, desde el día en que comenzaste a nacer dentro de mis entrañas. Porque soy tu madre, porque eres mi hija, y para una madre, el no tener a su hija, es no tener nada.
El pueblo entero y Navarra al completo ha sido un apoyo incondicional. Te hemos buscado en cada parque, en cada plaza, en cada centro comercial, en cada hospital, en cada lugar en el que has podido estar, pero ni rastro.
La gente ya empieza a cansarse, a darte por perdida. No sabes cómo duele ver eso, pero yo soy fuerte, al igual que lo eres tú. Por eso sé que nadie ha podido contigo, con esa mirada alegre, con esa alma valiente.
Aún así, todas las noches, al acostarme en la cama e intentar dormir, vienen a mi cabeza preguntas y más preguntas sin respuesta, a las que temo. ¿Dónde estás, hija mía? ¿Estarás bien? ¿Comerás cada día? ¿Dormirás bajo un techo? ¿Te acordarás de mí?
Y al levantarme cada mañana y no escuchar esa voz tan dulce gritando “mamá, la princesa quiere despertar, ¿dónde está la reina que va a darle el beso correspondiente?”, me entristezco, mucho, pero al mismo tiempo tu recuerdo me da energía y fuerza, que me ayuda a mantener viva la esperanza.
Lo que haga falta con tal de encontrarte. Lo que sea con tal de que vuelva esa pieza tan importante que falta en mí, que forma parte de mi ser, desde el día en que comenzaste a nacer dentro de mis entrañas. Porque soy tu madre, porque eres mi hija, y para una madre, el no tener a su hija, es no tener nada.
Tags:
dolor










