MURCIA (Murcia)
El último cuaderno del poeta
20 Abril 2008 21:47
Alba paseaba por la librería con la tranquilidad del que tiene una tarde por delante y la solemnidad del que se siente en lugar sagrado. Efectivamente, aquella vieja librería en lo más antiguo del casco antiguo de su ciudad era para ella una especie de santuario.
Con la música de Amaral susurrando en sus oídos, sus ojos bailaban entre Shakespeare, Allan Poe, Bécquer y Juan Ramón Jiménez. Su corazón palpitaba de una manera extraña, casi enamorada, al ver los nombres de sus “héroes literarios” y en su mente bullían sin cesar ideas sobre las palabras que le gustaría tejer para seguir su ejemplo.
Sus ensoñados pasos la llevaron hasta la sección de artículos de papelería. Paseó por los estantes admirando en silencio las plumas, bolígrafos y cuadernos, hasta que uno de ellos le llamó especialmente la atención.
Era un sencillo cuaderno de cuero ribeteado con pan de oro. Instintivamente, Alba lo abrió y pasó las hojas en blanco. Pero una no lo estaba.
“Hola, desconocido. No te conozco y nunca te veré, pero sé con toda seguridad que me conoces mejor que yo mismo. Eres la persona que me hubiera gustado conocer, ser amigo de ti. Sé que no verás indiferente como pasa tu vida, igual que yo he hecho. Como yo, harás júbilo del contento y tragedia de la tristeza; la eterna felicidad convivirá siempre con una melancolía ineludible. Porque eres como yo.
Por eso, sé que me comprenderás cuando te diga que renuncio a todo eso. Como el carnicero que con su cuchillo corta su propia mano, con estas palabras te confieso que son las últimas que escribo. Estoy harto de verlas pasar, frente a mis ojos, sin obtener más beneficios que descontento y un sempiterno insomnio. Mi corazón está cansado de escuchas los versos amargos de mis propios poemas, de sufrir día a día la pesadilla de mis sueños. Renuncio a sentir mi vida.
Pero, como me conoces, como eres mi mejor amigo- pues eso es lo que eres desde que empezaste a leer- te pido un primer y último favor: vive por mí. Coge este cuaderno y escríbeme mi vida”
Con la música de Amaral susurrando en sus oídos, sus ojos bailaban entre Shakespeare, Allan Poe, Bécquer y Juan Ramón Jiménez. Su corazón palpitaba de una manera extraña, casi enamorada, al ver los nombres de sus “héroes literarios” y en su mente bullían sin cesar ideas sobre las palabras que le gustaría tejer para seguir su ejemplo.
Sus ensoñados pasos la llevaron hasta la sección de artículos de papelería. Paseó por los estantes admirando en silencio las plumas, bolígrafos y cuadernos, hasta que uno de ellos le llamó especialmente la atención.
Era un sencillo cuaderno de cuero ribeteado con pan de oro. Instintivamente, Alba lo abrió y pasó las hojas en blanco. Pero una no lo estaba.
“Hola, desconocido. No te conozco y nunca te veré, pero sé con toda seguridad que me conoces mejor que yo mismo. Eres la persona que me hubiera gustado conocer, ser amigo de ti. Sé que no verás indiferente como pasa tu vida, igual que yo he hecho. Como yo, harás júbilo del contento y tragedia de la tristeza; la eterna felicidad convivirá siempre con una melancolía ineludible. Porque eres como yo.
Por eso, sé que me comprenderás cuando te diga que renuncio a todo eso. Como el carnicero que con su cuchillo corta su propia mano, con estas palabras te confieso que son las últimas que escribo. Estoy harto de verlas pasar, frente a mis ojos, sin obtener más beneficios que descontento y un sempiterno insomnio. Mi corazón está cansado de escuchas los versos amargos de mis propios poemas, de sufrir día a día la pesadilla de mis sueños. Renuncio a sentir mi vida.
Pero, como me conoces, como eres mi mejor amigo- pues eso es lo que eres desde que empezaste a leer- te pido un primer y último favor: vive por mí. Coge este cuaderno y escríbeme mi vida”








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