SALLENT (Barcelona)
Un autobus de locos
21 Abril 2008 18:30
Abrí los ojos. Era de noche. Fui a ver qué hora era, las cuatro de la madrugada del domingo 20 de febrero. ¡Había estado desmayado más de dos días! Quedaban cuatro horas para que el autobús del internado viniese a buscarnos y no tenia los libros. Me puse la chaqueta, cogí la mochila y me dirigí al centro del pueblo. Las tiendas estaban cerradas pero eso no me preocupaba, en África había aprendido a romper las cristaleras de las tiendas sin que sonase la alarma. Así que atraqué la librería y me llevé todos los libros que necesitaba, a mas, me llevé algunas revistas porno para cuando me aburriese en el internado (en el hipotético caso de que no hubiera chavalas para chuscar). No tenía mucho tiempo, robe un par de bocatas del bar del pueblo para desayunar y me dirigí a la parada del autobús. A las ocho en punto vino el autobús pero en la parada solo estábamos yo, la prostituta que trabajaba ahí y un par de viejos que no paraban de mirar a la prostituta. Subí al autobús, el conductor cerró las puertas y nos marchamos de allí. El autobús estaba vacío con la excepción del drogata inconsciente medio muerto del último asiento, los dos gatos atropellados del asiento 16 y la familia de cucarachas de un palmo de primera fila, por lo demás solo estaba yo. Había más de 10 horas hasta llegar al internado. A los veinte minutos de haber salido de San Antonio el conductor tenía ganas de mear, así que paramos en un bar de camioneros de esos en los que la única mujer que hay es la máquina de tabaco. Dijo que volvería en cinco minutos pero volvió hora y media después con los pantalones bajados y con el miembro más duro que el canto de una mesa. Íbamos con retraso así que salimos corriendo de allí. Unas tres horas después, a 20 quilómetros de Zaragoza, el conductor paró a una prostituta y le dijo que subiera, luego seguimos y al primer camino que se metía para el bosque nos metimos por ahí. El conductor me sacó a rastras del autobús y me encerró en el compartimiento de las maletas. Por lo visto no se acordó de mí hasta que no llegamos a Murcia. El conductor, con la señora publica entre las piernas, no se había centrado en la autopista, por eso, después de atropellar a varias personas, llegamos a Murcia. Paró inmediatamente y echó a la prostituta del autobús. Luego dio media vuelta y nos dirigimos hacia Madrid, con muchas horas de retraso. Resulta que el conductor era un ex convicto y que había entrado el día anterior en la empresa y claro, después de haber pasado más de 40 años en prisión por violar, asesinar y reviolar a viejas de 90 años, pues no se acordaba muy bien por donde quedaba Madrid. Total, que íbamos camino Bilbao. Y yo, como no sabía nada de geografía pues ni me enteré. Cada dos horas fuimos parando en bares de carretera donde iba y a la media hora volvía completamente borracho y con un par de porros en las orejas. El martes 22 de febrero, finalmente, llegamos a Badajoz. El conductor, borracho perdido y con una humareda en el autobús que no veías ni a un metro delante de ti a causa de la cantidad masiva de porros que fumaba, estuvo a punto de llevarse por delante algunas carrozas de la Marcha del Orgullo Gay, si no hubiese sido porque se equivocó de pedal y pisó el freno de golpe. Pasaron los días.








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