jaisofe
COLEGIO LA INMACULADA PADRES JESUITAS
GIJON (Asturias)

III Guerra Mundial

23 Abril 2008 19:56
Jack miraba por la ventana, pensativo, desolado y sumamente preocupado. Él y su familia vivían en un privilegiado piso en el centro de Londres, frente al Támesis. Su amplio salón hacía esquina en el edificio, y mientras que dos de las ventanas ofrecían una buena perspectiva del río, las otras dos daban directamente al Parlamento, el edificio más importante de Inglaterra, lleno de inmensos ventanales e infinitas agujas que se alzaban hacia el firmamento, y en cuyo interior hacía horas que se reunían todos los políticos del país en sesión de máxima urgencia. El gigantesco reloj del Big Ben acababa de dar la novena campanada. Su imponente esfera se apagaría poco después, por primera vez en su historia. Habían empezado a sonar las sirenas, y la poca gente que había en la calle se apresuraba a llegar al relativo refugio que ofrecían sus hogares, cumpliendo así el Toque de Queda recién establecido. Dentro de exactamente un cuarto de hora, se apagarían todas las farolas de la ciudad, así como la iluminación de todos los edificios públicos. Se había solicitado a los ciudadanos que hicieran lo mismo en sus casas, y Jack también lo haría. La mitad de Europa estaba en la misma situación. Y nada se sabía de lo que estaba ocurriendo en el interior del Parlamento. Una semana antes, los países de Oriente Medio se habían reunido en una histórica cumbre, que todo el mundo interpretó como un gesto de buena voluntad por parte de los gobernantes, para poner fin a la violencia de la zona. El presidente de los Estados unidos no salía de su asombro, y la Comisión de la UE estaba extasiada. Pero nada más lejos de la realidad. Al final de la reunión, uno de los portavoces había convocado una rueda de prensa masiva y de “máxima importancia”. Todos los medios de comunicación del planeta habían asistido , creyendo que podrían dar la gran exclusiva de un pacto de paz que pasaría a la Historia. Pero la sensación global de alegría se transformó en terror cuando el político árabe anunció que nada menos que doce países se habían aliado para declarar conjuntamente la guerra a Occidente. Los Ejércitos se habían movilizado, las milicias avanzaban juntas en su Guerra Santa hacia el Oeste, y las flotas de Guerra zarpaban hacia el Mediterráneo.Jack estaba realmente asustado. A sus dieciséis años amaba Londres, su colegio, sus amigos, su casa, su familia. Miró en derredor. Su salón, lleno de fotos. Su habitación, a rebosar de libros, más fotos y toda clase de objetos curiosos. Podría perderlo todo. Todo. Pensó en sus amigos. La mitad habían huido, no sabía a donde. El resto se atrincheraban en sus casas. Y si había algo que le desesperara, era que no tenía noticias del Parlamento. Rememoró los últimos acontecimientos: cómo la reacción de Europa había sido bastante tardía; cómo el Consejo de Seguridad de la ONU había tardado nada menos que dos días en salir de su aturdimiento; cómo la Casa Blanca se había cerrado herméticamente, de modo que nadie sabía qué iba a hacer el hombre más poderoso del planeta... El mundo entero estaba en crisis. Jack también estaba en crisis, y con él, el resto de la población. Todo el mundo sabía que el Ejército de Irak era el mejor del planeta, por encima incluso que el de los EE UU. Se sabía también que contaban con armas nucleares. Podría tratarse de un nuevo Holocausto, a nivel mundial.Y por fin se habían producido las reacciones por parte de los gobiernos: se cerraban las fronteras, se establecían Toques de Queda y los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire tomaban posiciones defensivas en los límites de los países. Había comenzado la temida III Guerra Mundial.Pero media hora después de que todo Londres se sumiera en la oscuridad, las sirenas volvieron a sonar. Era la alarma de ataque. Jack se quedó paralizado por un momento. Después le entró el pánico. Era consciente de que el objetivo más obvio de un bombardeo a Londres se encontraba a trescientos metros de su casa. Corrió hacia el piso de abajo, donde estaban sus padres. Tenían que bajar al refugio, y rápido. Entonces se oyó una tremenda explosión, seguida de un estruendo atronador. El edificio tembló hasta sus cimientos.
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Tags Tags: guerra | londres | crisis | chaval | chico

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