marta__,
COL.LEGI SANT JOSEP | 27 Abril 2008 18:51
Tengo sueño, creo que voy a dormir, sí, eso será lo mejor. Sacaré la manta y la pondré...aquí. ¡Sí, aquí estoy bien! ¿Pero... que oigo? Alguien está respirando cerca de mí... Voy a encender la vela. Por aquí nada, por allí tampoco. "¿Hay alguien?", grito. No hay respuesta, pero... acabo de oír un ruido. Un estornudo, me giro de golpe y una figura frágil, con los ojos llorosos y conocida, se planta delante de mí. Debe tener mi edad, sí, la conozco, es la nieta de la casa que hay cercana a la cabaña de mi abuelo. ¿Pero que hace aquí? Hablamos durante horas,ella también se ha ido de su casa y ha pensado que aquí nadie la encontraría, es idéntica a mi, pero en chica. Creo que es la primera vez que hablo tanto rato y con tanta tranquilidad con una persona del sexo opuesto. Parece que empiezo a tener hambre, me comeré un bocadillo que he traído, lo hemos compartido. Mi barriga está llena, pero... esa sensación estarna no se me pasa. Y contra más cerca está de mí más hambre tengo. Decidimos dormir. "¡Quiquiriquí!", el gallo de los abuelos de Natalia, así se llama ella, ya canta las siete. Los dos nos hemos despertado, nos levantamos y desayunamos lo que podemos. Seguimos hablando, tenemos las mismas aficiones. Me paro a mirarla, es realmente bella, muy bella. Y cuando sonríe parece que ilumine toda la cabaña. Es domingo, mi madre debe creer que estoy con la bicicleta dando un paseo y sus abuelos que ha ido ha pasear también, así que nadie nos busca. Es invierno, hace un poco de frío, a pesar del Sol. Me pide que la abrace, al principio me quedo parado, no se si... ¡Que narices! Ya llevamos como mínimo dos horas hablando, aquí, abrazados, creo que lo que siento no es hambre si no... ¡AMOR! Un momento, ¿a que huele? Parece que algo se está quemando, pero no hay humo. Oímos gritos, nos asustamos. De golpe vemos que un rincón de la caseta está ardiendo, salimos. Los abuelos de Natalia, mí madre, los bomberos, medio pueblo está allí, ¡¡el bosque se está quemando!! Nadie sabe que ha pasado y entre la confusión, mi primer beso, mi primer amor, mi primer instante de gloria, el primero de muchos tantos que luego vendrían. Ahora somos muy felices, eso solo fue el principio de un relación que ya dura quince años. Creo que ese día descubrí otro mundo, salí de mí mundo y descubrí, el real dónde hay cosas buenas y otras no tanto.
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sarius,
IES DOLORES IBARRURI | 29 Abril 2008 17:19
Enseguida oscureció y decidí hacer un pequeño fuego porque la noche era muy fría. Después de entrar en calor me tumbé en el suelo y me cubrí con una manta que habia traído de casa.
A la mañana siguiente, mientras amanecía, podía notar cómo un brillante haz de luz trataba de penetrar en mis ojos. Tomé un poco de leche que llevaba en la mochila. No podía parar de mirar aquel precioso paraje. Así podría disfrutar de la compañía de la naturaleza y de los animales.
Era tan relajante estar allí y poder salir de la monotonía de la ciudad.
Levaba horas y horas andando estaba muy cansado, y de repente… ¿Estás bien? Esas fueron las primeras palabras que recuerdo y noté agua refrescándome la cara, ¿estás bien? No paraba de repetírmelo aquella dulce voz. Entonces abrí los ojos y ví a una preciosa desconocida, me ayudó a incorporarme y me dio un poco de su agua; tras lo que se presentó. Se llamaba Verónica y era alpinista. Estaba con un grupo de amigos de vacaciones y me habían encontrado allí tirado. Yo tampoco recordaba nada de lo ocurrido, y solo me dolía la cabeza. Pero sin duda, me alegraba de haberla conocido. Me había presentado a sus amigos, y lo cierto es que entre todos hicieron que me sintiera integrado durante el tiempo que permanecí con ellos.
Al anochecer, después de haber pasado todo el día con ellos, decidí volver a casa, con la sensación de que pronto volvería a ver a Verónica y al resto de sus amigos.
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sofy,
COLEGIO SAGRADO CORAZON | 30 Abril 2008 20:24
Estaba allí, en la cabaña de mi abuelo en una inmensa tranquilidad y en medio de todo decidí pensar en el mañana.
Mi abuelo estaba de vacaciones y volvía en una semana, sabía de sobra que para mi madre era un estorbo y que mi padre estaría muy ocupado en su trabajo como para dedicarle tiempo.
Entonces pensé, que, como mi abuelo volvería pronto, podría instalarme en la cabaña con él.
Cuando llegó y le conté mi idea, se emocionó, llevaba muchos años viviendo solo, y la soledad no le gustaba, me abrazó, y empezamos a hacer planes, al mismo tiempo que preparar mis cosas para instalarme en la cabaña.
Era emocionante despertar en medio de esa tranquilidad, al igual que irte a dormir mirando las estrellas, con quienes hablaba muchas noches. Por las tardes bajaba a ver a mis padres y estaba allí un rato con ellos, no se opusieron a la idea de vivir con mi abuelo.
Lo mejor de toda esta historia , es que mi abuelo se preocupaba de mí y yo de él, yo encontré un buen amigo, mi abuelo encontró a su nieto.
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