SEGOVIA (Segovia)
La sombra de la niebla
25 Abril 2008 23:56
Oscuridad total. No se veía nada a través de la ventanilla. La espesa niebla, la noche y la lluvia hacían imposible la visibilidad del camino. Lo único que se veía, eran los reflejos de las luces del interior del vagones.
Tenía la cabeza apoyada en la pared de la ventanilla y poco a poco, con el suave sonido de la lluvia golpeando la ventana y el sonido del tren avanzando por la vía como fondo, fui cerrando los ojos hasta que me sumí en un profundo sueño...
De repente, abrí los ojos, y pude ver que en el vagón ya no estaba yo sola, había un hombre en el asiento de enfrente. Su bigote me llamó mucho la atención, un bigote pergectamente cuidado con los extremos hacia arriba, no muy espeso pero muy característico y elegante. Daba la impresión de ser una persona adinerada: su traje de chaqueta, la cartera de piel, la corbata de seda... Pero a la vez también parecía un hombre muy serio y poco sociable: en el poco tiempo que estuve despierta, no me dirigió la palabra en ninguna ocasión. Al poco rato, volví a quedarme dormida con la cabeza apoyada en la pared...
Cuando volví a despertarme era ya de día y aquel hombre no estaba dentro del vagón, algo extraño si tenemos en cuenta que no había más vagones libres y que durante la noche no habíamos parado en ninguna estación... No mucho después, el silbato del tren anunció que habíamos llegado a mi parada. Cogí mi maleta del compartimento de encima de mi asiento y me apresuré a salir del tren. Al mismo tiempo que yo, bajó mucha gente y se formó una aglomeración de personas en las puertas de salida. Intenté subir a algún lugar un poco más alto para localizar a mi tía Gina, pero no fue necesario, porque la pude identificar fácilmente entre la multitud, ya que era la única mujer con traje de chaqueta, tacones, y un moño alto. Era su vestuario rutinario, su trabajo en aquella empresa tan importante se lo exigía. Me abrazó fuertemente con su brazo izquierdo mientras con el derecho hablába por el móvil, seguramente con algún empresario importante. Me hizo una señal, y empecé a seguirla hasta que llegamos al coche.
Mi tía Gina siempre me invitaba a su piso en Barcelona durante el verano, pero jamás durante el curso escolar, porque yo tenía clase y ella trabaja. Sin embargo, esta ocasión no tenía nada que ver con las visitas de verano, mis padres acababan de sufrir un grave accidente de tráfico, y ella era de las pocas personas que podían hacerse cargo de mí ahora.
Llegamos al aparcamiento, y me abrió el maletero para que pudiese meter mis cosas, y mientras me subía al asiento delantero, ocurrió: en el taxi que pasó a mi lado, ¡pude ver al hombre del bigote que había estado en mi vagón durante el trayecto! Ha sido todo una coincidencia, pensé... pero la historia solo acababa de empezar...
Tenía la cabeza apoyada en la pared de la ventanilla y poco a poco, con el suave sonido de la lluvia golpeando la ventana y el sonido del tren avanzando por la vía como fondo, fui cerrando los ojos hasta que me sumí en un profundo sueño...
De repente, abrí los ojos, y pude ver que en el vagón ya no estaba yo sola, había un hombre en el asiento de enfrente. Su bigote me llamó mucho la atención, un bigote pergectamente cuidado con los extremos hacia arriba, no muy espeso pero muy característico y elegante. Daba la impresión de ser una persona adinerada: su traje de chaqueta, la cartera de piel, la corbata de seda... Pero a la vez también parecía un hombre muy serio y poco sociable: en el poco tiempo que estuve despierta, no me dirigió la palabra en ninguna ocasión. Al poco rato, volví a quedarme dormida con la cabeza apoyada en la pared...
Cuando volví a despertarme era ya de día y aquel hombre no estaba dentro del vagón, algo extraño si tenemos en cuenta que no había más vagones libres y que durante la noche no habíamos parado en ninguna estación... No mucho después, el silbato del tren anunció que habíamos llegado a mi parada. Cogí mi maleta del compartimento de encima de mi asiento y me apresuré a salir del tren. Al mismo tiempo que yo, bajó mucha gente y se formó una aglomeración de personas en las puertas de salida. Intenté subir a algún lugar un poco más alto para localizar a mi tía Gina, pero no fue necesario, porque la pude identificar fácilmente entre la multitud, ya que era la única mujer con traje de chaqueta, tacones, y un moño alto. Era su vestuario rutinario, su trabajo en aquella empresa tan importante se lo exigía. Me abrazó fuertemente con su brazo izquierdo mientras con el derecho hablába por el móvil, seguramente con algún empresario importante. Me hizo una señal, y empecé a seguirla hasta que llegamos al coche.
Mi tía Gina siempre me invitaba a su piso en Barcelona durante el verano, pero jamás durante el curso escolar, porque yo tenía clase y ella trabaja. Sin embargo, esta ocasión no tenía nada que ver con las visitas de verano, mis padres acababan de sufrir un grave accidente de tráfico, y ella era de las pocas personas que podían hacerse cargo de mí ahora.
Llegamos al aparcamiento, y me abrió el maletero para que pudiese meter mis cosas, y mientras me subía al asiento delantero, ocurrió: en el taxi que pasó a mi lado, ¡pude ver al hombre del bigote que había estado en mi vagón durante el trayecto! Ha sido todo una coincidencia, pensé... pero la historia solo acababa de empezar...








Tags:


