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IES JAIME FERRAN
COLLADO VILLALBA (Madrid)

Los Ojos de Piedra

27 Abril 2008 18:25
Tom estaba esperando en la caja del supermercado. Vivía en Londres, en un orfanato a las afueras de la ciudad. Tenía doce años, era flacucho, de pelo negro, y ojos azules. Llevaba un rato en la fila, cuando al señor de delante se le cayó algo; se agachó a recogerlo y al levantarse, el señor ya no estaba. Se quedó mirando el objeto, era un anillo con una piedra en forma de ojo azul. Pagó y le preguntó a la cajera si sabía quién era aquel señor. La cajera le contestó que antes que él, no había pasado nadie.

Tom, extrañado, salió a la calle. Vio al hombre doblar una esquina y le perdió de vista. El anillo se quedó olvidado en su bolsillo.

Unos días después, Tom vio de nuevo al hombre y le siguió. Se dio cuenta de que todavía llevaba el anillo en el bolsillo. El señor paró en el portal de un edificio muy destartalado. Tom se acercó para devolverle el anillo, el hombre no le dejó hablar y le invitó a entrar. No parecía tan mayor como a simple vista, tenía alrededor de veinticinco años, era rubio y de ojos verdes. Se iba a presentar, cuando una chica salió de una habitación, era de la edad de Tom, de pelo castaño y ojos dorados.

Tom se fijó en que los dos llevaban un anillo, cada uno del color de sus ojos. Cada vez estaba más asustado. El desconocido se presentó:
-Hola, mi nombre es James, ella es Laura. Nos conocimos gracias a los anillos. Una mañana, apareció este anillo sobre la mesa de mi habitación. Me pareció curioso, me lo puse y salí a comprar el periódico. En el puesto de periódicos, estaba apoyada Laura, la hija de mis vecinos. Miraba fijamente un anillo. Era igual que el mío, pero la piedra era del color de sus ojos. También lo había encontrado en su dormitorio. Estábamos intentando averiguar qué significaba, cuando de pronto comenzó a llover. Nos refugiamos en una casa abandonada. Al entrar, en el suelo del pasillo, había otro anillo como los nuestros, esta vez de color azul. A Laura se le ocurrió mirar en el buzón y apuntar el nombre para buscar al dueño del anillo. Nos llevó un tiempo averiguar que la casa pertenecía a tu padre y que tú vivías en el orfanato.
No sabemos si hay más anillos, pero tenemos que descubrirlo. ¿Te gustaría acompañarnos?
Tom no entendía nada, pero la idea de dejar el orfanato le gustaba, además viviría las aventuras que siempre había deseado vivir:
-Si, salgamos inmediatamente.- dijo casi sin pensarlo.

En ese momento las piedras de los anillos brillaron con una luz especial. Los tres se miraron. Todo se volvió oscuro y, de repente, aparecieron en un bosque.
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