OVIEDO (Asturias)
Velas rojas
28 Abril 2008 11:28
- ¡¡Qué pasada!!- gritó eúfórico Rodri.
- ¿ A esto le llamas tu pasada?¿ A una casa que está a punto de caerse? - le dije yo con un tono algo sarcástico.
Rodri, mi hermano quinceañero y fantasioso nos había acompañado a mi mejor amiga y a mi a dar un largo paseo por el enigmático pueblo de al lado.
Habíamos estado corriendo bajo la intensa lluvia durante un buen rato y lo único medianamente interesante que encontramos fue una casa centenaria que se alzaba ante nosotros de manera intimidante.
La casa estaba rodeada por un jardín enorme y dejado de la mano de Dios. Sus enormes matorrales lo cubrían todo dándole un toque mas misterioso aún.
En la seca hierba se distinguía un camino rudimneterio de piedra que daba a aquella mezcla de casa y castillo.
- ¿ Entramos?- dijo al fin Marta rompiendo el incómodo y siniestro silencio.
Ninguno le contestó, pero los tres dimos un paso hacia delante casi simultáneo.
Siempre fui miedosa, y me quería ir de allí lo antes posible, pero estaba calada hasta los huesos, mis manos entumecidassy mi gñelido rostro pedía estar a cubierto un rato.
mientras pensaba la fría lluvia me caía empapándome aún mas.
Al fin noo acercamos y abrimos la destartalada puerta, que para nuestra sorpresa estaba entreabiertra.
Nada mas entrar , el portón se cerró de golpe debido a la intensa corriente y provocó un fuerte estruendo.
Estaba todo bastante oscuro, ya que afuera estaba ya anocheciendo , así que cogí mi linterna e iluminé el umbral.
en ese instante , Rodri retrocedio y Marta y yo soltamos un gritó ahogado.
La estancia estaba repleta de velas rojas: en las mesas, en el suelo e incluso colgadas de los mugrientos candelabros metálicos colgados de las paredes.
Estábamos ante un tétrico y extraño joll.
Un escalofrío recorrio mi espalda, todo aquello era muy raro.
- Rodri, vámonos- le susurré yo
Seguí iluminando. Del techo colgaba alguna que otra telaraña y pudimos ver gracias a la luz emitida por mi linterna que las ventanas estaban rotas, y que en el suelo yacían miles de cristales hechos añicos.
Seguimos mirando y nos sorprerndimos al ver ante nosotros lo que debió de ser una antigua y lujosa escalera de caracol, reducida ahora a tablones rudos y una varandilla cubierta por un espeso manto de polvo.
Subimos y ésta empezó a chirriar.
En ese momento, los tres nos paralizamos.
Una melodía suave y angelical inundaba el ambiente. Era una sintonía parecida a las que hay en las cajas musicales: dulce y armoniosa. Agarré a Marta por susu sudorosas manos.
Continuamos subiendo intentando no hacre ruido alguno.
La linterna empezó a parpadear, ésta se quedaba sin pila.
Llegamos a la segunda planta.
La música cambió y subió de volumen.
casi me desmayo cuando ví...
- ¿ A esto le llamas tu pasada?¿ A una casa que está a punto de caerse? - le dije yo con un tono algo sarcástico.
Rodri, mi hermano quinceañero y fantasioso nos había acompañado a mi mejor amiga y a mi a dar un largo paseo por el enigmático pueblo de al lado.
Habíamos estado corriendo bajo la intensa lluvia durante un buen rato y lo único medianamente interesante que encontramos fue una casa centenaria que se alzaba ante nosotros de manera intimidante.
La casa estaba rodeada por un jardín enorme y dejado de la mano de Dios. Sus enormes matorrales lo cubrían todo dándole un toque mas misterioso aún.
En la seca hierba se distinguía un camino rudimneterio de piedra que daba a aquella mezcla de casa y castillo.
- ¿ Entramos?- dijo al fin Marta rompiendo el incómodo y siniestro silencio.
Ninguno le contestó, pero los tres dimos un paso hacia delante casi simultáneo.
Siempre fui miedosa, y me quería ir de allí lo antes posible, pero estaba calada hasta los huesos, mis manos entumecidassy mi gñelido rostro pedía estar a cubierto un rato.
mientras pensaba la fría lluvia me caía empapándome aún mas.
Al fin noo acercamos y abrimos la destartalada puerta, que para nuestra sorpresa estaba entreabiertra.
Nada mas entrar , el portón se cerró de golpe debido a la intensa corriente y provocó un fuerte estruendo.
Estaba todo bastante oscuro, ya que afuera estaba ya anocheciendo , así que cogí mi linterna e iluminé el umbral.
en ese instante , Rodri retrocedio y Marta y yo soltamos un gritó ahogado.
La estancia estaba repleta de velas rojas: en las mesas, en el suelo e incluso colgadas de los mugrientos candelabros metálicos colgados de las paredes.
Estábamos ante un tétrico y extraño joll.
Un escalofrío recorrio mi espalda, todo aquello era muy raro.
- Rodri, vámonos- le susurré yo
Seguí iluminando. Del techo colgaba alguna que otra telaraña y pudimos ver gracias a la luz emitida por mi linterna que las ventanas estaban rotas, y que en el suelo yacían miles de cristales hechos añicos.
Seguimos mirando y nos sorprerndimos al ver ante nosotros lo que debió de ser una antigua y lujosa escalera de caracol, reducida ahora a tablones rudos y una varandilla cubierta por un espeso manto de polvo.
Subimos y ésta empezó a chirriar.
En ese momento, los tres nos paralizamos.
Una melodía suave y angelical inundaba el ambiente. Era una sintonía parecida a las que hay en las cajas musicales: dulce y armoniosa. Agarré a Marta por susu sudorosas manos.
Continuamos subiendo intentando no hacre ruido alguno.
La linterna empezó a parpadear, ésta se quedaba sin pila.
Llegamos a la segunda planta.
La música cambió y subió de volumen.
casi me desmayo cuando ví...








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