BADALONA (Barcelona)
El tesoro de los piratas
28 Abril 2008 21:30
Era un día soleado como otro cualquiera en la ciudad de Santa Coloma. Un hombre vivía en una calle remota de aquella ciudad, concretamente en Pasaje Cristóbal Colon. Nunca tubo una mujer, ni una familia, ni siquiera un amigo que se preocupase por el. Su aspecto físico como psíquico era lamentable. Su casa esta a punto de derruirse sobre el. Pero no le parecía importarle demasiado, ya que tenia en la cabeza otros problemas mas grabes como el de buscar comida para sobrevivir en aquella ciudad. Cada día se levantaba de madrugada de su cama improvisada con sacos, y se iba al supermercado situado tres calles mas abajo de su casa para buscar algo de comida en los contenedores de residuos caducados. A continuación subía a casa, para degar la compra. La guardaba en un baúl para que las ratas no se la comieran. Después de hacer el viaje, se dirigió al cementerio del final de la calle. Ya dentro de el limpiaba con su camiseta rota las tumbas de sus padres. Cada día iba a limpiarlas i a colocarle unas flores que recogía de un parque cercano al cementerio. Un día haciendo esa misma tarea. Se encontró un libro encima de la tumba del vecino de su madre. Ese libro se llamaba: Los tesoros nunca encontrados por el hombre. El que tenia la alfabetización de un niño de sexto de primaria. Al primer día lo ignoro pero al ver que nadie lo recogía el lo hizo. Y se lo introdujo entre el cinturón y sus pantalones. Al llegar a casa lo dejo encima de un tablón apollado en unos tochos que hacían de patas. Al cabo de tres días lo empezó a leer. Al principio lo leía lentamente, pero después se empezó a enganchar a aquel libro. Ese libro narraba las historias de los tesoros nunca encontrados. En uno de esos capítulos, explicaba que antiguamente unos piratas escondían los tesoros en la ciudad de Santa Coloma. Aquel hombre empezó a obsesionarse con encontrar aquel tesoro. Tanto fue que empezó a buscarlo. El día siguiente también fue a ver las tumbas de sus padres. Pero aquel día, vio al enterrador con una pala., y pensó que si quería aquel tesoro necesitaría algo para poder desenterrarlo. Por la tarde, cuando el enterrador acaba su turno, el se dirigió hacia el cobertizo situado a unos metros de las tumbas de sus padres. Forzó la cerradura, y cogió la pala, y dirigió corriendo hacia su casa.








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