Blayuki
ESCOLA SANT FELIP NERI
BARCELONA (Barcelona)

Los Recuerdos de la Pequeña Gipsy

29 Abril 2008 17:19
Cecilia me enseñó un sitio donde se bailaba, una cafetería un poco surrealista y gris de un callejón de la ciudad. Se llamaba La pequeña Gipsy, un nombre que siempre me llamó la atención. Yo estaba poco acostumbrado a locales de este tipo, pues la mayoría de veces iba a bares de mi barrio, la zona alta y de lujo, pero este me gustó enseguida por el ambiente tan diferente al mío. Estaba lleno del humo del tabaco y de gitanos, tenía los urinarios sucísimos y hacía tufillo a alcohol; ya sabes: brandy, vermú, aguardiente, birra…Y también había una pequeña orquesta de jazz: una batería, una trompeta, un saxofón y el guitarrista. Aquella primavera, la cafetería fue el sitio que más visité. Cecilia y yo quedábamos siempre a allí y el camarero nos tenía reservada una mesa en un rincón oscuro del local, con un gintonic helado para mí, y un cubalibre para Ceci. Y durante aquella primavera compré un piso en el mismo callejón donde estaba La pequeña Gipsy; un piso pequeño con mucha luz y decorado con buen gusto, con las paredes de un amarillo ocre y los muebles del siglo pasado.
Cuando llegó junio le pedí a Cecilia si quería venir a vivir conmigo y aceptó: la vida me iba bien, parecía. No saqué buenas notas, como era lógico después de toda la primavera haciendo el cafre y tuve que volver a cursar tercero de carrera, pero aquél verano fue uno de mis mejores veranos hasta que Cecilia se fue de vacaciones con sus padres a Guadalupe. No volvió nunca: una tempestad hundió una lancha turística que su familia había alquilado y murió ahogada y yo, consecuentemente, me quedé hundido y tuve que ahogar mis sentimientos. La pequeña Gipsy era lo único que me quedaba de ella, todos mis recuerdos sobre ella estaban entre aquél humo de tabaco, entre los bigotes del gitano del camarero, entre aquella tufarada de alcohol, entre los meados de los urinarios, entre las notas sincopadas de la orquesta… Yo vivía de esos recuerdos, estimulados por medio de algunas drogas, y me había quedado sin vida propia: su ausencia para siempre era mi vida, y durante el primer trimestre de aquél año no fui a ninguna clase. Empecé a trabajar en La pequeña Gipsy, en la orquesta, tocando los teclados. No cobraba mucho, pero suficiente para comprar drogas, y los recuerdos también eran buena paga, la mejor para mí. Dejé la facultad, vendí el piso y me fui a vivir con un amigo mío que iba para electricista y su novia en un piso cerca del puerto. Era el mes de marzo, y un mes después, La pequeña Gipsy se convirtió en un club nocturno y dejó de ser una cafetería con pista de baile. Trabajé en el club durante siete u ocho años y conocí a una chica gitana, Rosario, que trabajaba de camarera. Empezamos a salir y aunque yo no la quería, la hice feliz durante un tiempo. Al menos, eso pensaba yo. No vivíamos juntos, sino que cada uno iba por su cuenta y vivía en su casa; aunque ella necesitaba dinero, yo no se lo daba.
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Tags Tags: amor | drogas

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