ALMENAR (Lleida)
Una chiquilla especial
30 Abril 2008 16:58
Marta era una chiquilla con tan sólo diez añitos, su pelo largo, liso y castaño caía cuidadosamente cubriendo sus pequeñas orejas, su cara era redonda, sus ojos eran tan negros como el tizón y tan profundos que, a veces, creías perderte en ellos. Su boca siempre sonriente, su baja estatura y su sencilez hacían de Marta una chiquilla muy especial, aunque pocas personas tenían la suerte de descubrirlo.
Antes ella vivía en un pequeño pueblo donde ella tenía muchos amigos y, sobretodo, donde ella era feliz.
Pero su vida empezó a cambiar de repente, ya que la relación entre sus padres comenzó a complicarse, sus disputas eran constantes y por cualquier cosa, y al fin, decidieron divorciarse.
La madre de Marta decidió que ella y su hija se marcharían de aquel pueblo, ya había conseguido una casa, un trabajo para ella y había decidido también en qué colegio estudiaría su hija, pero se enfrentaba a un problema, cómo debía decirle a Marta que tenía que separarse de sus amigos, irse de su pueblo hacia un lugar que ella desconocía. Decidió decírselo en cuanto pudo, para que fuese haciéndose la idea.
Ella se lo tomó bastante mal, cada día que pasaba Marta estaba más triste hasta que llegó el día.
Era una calurosa mañana de primavera en que el sol brillaba, pero a Marta le parecía el peor día de su vida y, en realidad lo era, pero ella lo intentaba disimular, no quería que sus amigos la vieran triste.
Después de despedirse de todos, con una sonrisa subió al tren, desviando la mirada hacia sus amigos que, con una sonrisa en los labios, pero con lágrimas en los ojos le decían adiós con la mano.
Después de muchas horas de viaje, al fin llegó a su destino, una gran ciudad...
Antes ella vivía en un pequeño pueblo donde ella tenía muchos amigos y, sobretodo, donde ella era feliz.
Pero su vida empezó a cambiar de repente, ya que la relación entre sus padres comenzó a complicarse, sus disputas eran constantes y por cualquier cosa, y al fin, decidieron divorciarse.
La madre de Marta decidió que ella y su hija se marcharían de aquel pueblo, ya había conseguido una casa, un trabajo para ella y había decidido también en qué colegio estudiaría su hija, pero se enfrentaba a un problema, cómo debía decirle a Marta que tenía que separarse de sus amigos, irse de su pueblo hacia un lugar que ella desconocía. Decidió decírselo en cuanto pudo, para que fuese haciéndose la idea.
Ella se lo tomó bastante mal, cada día que pasaba Marta estaba más triste hasta que llegó el día.
Era una calurosa mañana de primavera en que el sol brillaba, pero a Marta le parecía el peor día de su vida y, en realidad lo era, pero ella lo intentaba disimular, no quería que sus amigos la vieran triste.
Después de despedirse de todos, con una sonrisa subió al tren, desviando la mirada hacia sus amigos que, con una sonrisa en los labios, pero con lágrimas en los ojos le decían adiós con la mano.
Después de muchas horas de viaje, al fin llegó a su destino, una gran ciudad...








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