TARRAGONA (Tarragona)
Removinedo el pasado
30 Abril 2008 23:06
El odio se reflejaba en sus ojos. La luz clara del sol hacía que brillasen como dos pequeñas canicas a punto de romperse. Y aún así, no gritó, simplemente se desplomó a mi lado con una sonrisa retorciendo sus labios ensangrentados. Daba miedo.
Sara era la muchacha más temida de la clase, y no porque nos pegara, ni nos insultara o tuviera mal carácter, simplemente era ese instinto animal de supervivencia el que nos mantenía a todos alejados de ella.
Juan acababa de romperle la nariz, partirle el labio inferir y empujarla de una manera tan brutal que la tiró directa contra el asfalto, y allí estaba ella, la chica diablo, la niña que a todos causaba terror, tirada en el suelo, con la cabeza apoyada sobre la gravilla y la mirada perdida entre las pequeñas piedras que rodeaban su cabeza, sin mostrar gesto alguno de dolor, simplemente sonriendo-le al nada con una lúgubre mirada clavada en la pupila.
De pronto, a sorpresa de todos los que estábamos allí presentes, contemplando la escena, Sara cerró sus grandes ojos negros i suspiró. Se dio la vuelta hacia arriba tendiendo toda la espalda en el suelo y empezó a reír. Esas carcajadas sonaron durante años en mis pesadillas mas terribles, y es que no era humano, no era normal... tenia un aire muy siniestro que nunca podré olvidar.
Juan temblaba, creo que esa fue la única vez en mi vida que lo vi realmente asustado, no sabía que hacer, ni como había podido llegar a ese extremo. De repente, el cielo se oscureció y, frente a nosotros, una gran llama azul envolvió a Sara, que seguía riendo boca-arriba. Ente los destellos de luz que soltaban las llamas, pude ver como la chica se iba fundiendo con el suelo, lentamente, hasta que, para mi asombro, desapareció. No había rastro alguno de su cabeza, ni de sus piernas ni brazos, simplemente oía retumbar en mi interior su risa de loca.
Nunca mas volví a ser la misma persona, y eso lo se yo, y lo saben todos los que me conocieron bien.
El otro día, me levanté sobresaltada. Grandes gotas de sudor cubrían mi frente, y, después de muchos años, allí sentía las carcajadas de Sara. Era una señal, algo que no podía controlar, y me sacudía interiormente de una manera brutal.
Sara era la muchacha más temida de la clase, y no porque nos pegara, ni nos insultara o tuviera mal carácter, simplemente era ese instinto animal de supervivencia el que nos mantenía a todos alejados de ella.
Juan acababa de romperle la nariz, partirle el labio inferir y empujarla de una manera tan brutal que la tiró directa contra el asfalto, y allí estaba ella, la chica diablo, la niña que a todos causaba terror, tirada en el suelo, con la cabeza apoyada sobre la gravilla y la mirada perdida entre las pequeñas piedras que rodeaban su cabeza, sin mostrar gesto alguno de dolor, simplemente sonriendo-le al nada con una lúgubre mirada clavada en la pupila.
De pronto, a sorpresa de todos los que estábamos allí presentes, contemplando la escena, Sara cerró sus grandes ojos negros i suspiró. Se dio la vuelta hacia arriba tendiendo toda la espalda en el suelo y empezó a reír. Esas carcajadas sonaron durante años en mis pesadillas mas terribles, y es que no era humano, no era normal... tenia un aire muy siniestro que nunca podré olvidar.
Juan temblaba, creo que esa fue la única vez en mi vida que lo vi realmente asustado, no sabía que hacer, ni como había podido llegar a ese extremo. De repente, el cielo se oscureció y, frente a nosotros, una gran llama azul envolvió a Sara, que seguía riendo boca-arriba. Ente los destellos de luz que soltaban las llamas, pude ver como la chica se iba fundiendo con el suelo, lentamente, hasta que, para mi asombro, desapareció. No había rastro alguno de su cabeza, ni de sus piernas ni brazos, simplemente oía retumbar en mi interior su risa de loca.
Nunca mas volví a ser la misma persona, y eso lo se yo, y lo saben todos los que me conocieron bien.
El otro día, me levanté sobresaltada. Grandes gotas de sudor cubrían mi frente, y, después de muchos años, allí sentía las carcajadas de Sara. Era una señal, algo que no podía controlar, y me sacudía interiormente de una manera brutal.








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