ALMENAR (Lleida)
Futuro
2 Mayo 2008 00:15
Un trozo de cielo gris es todo lo que podía ver desde el rincón en el cual estaba sentado. Llevaba pantalones rotos, sudadera vieja y las deportivas empapadas.
Tenía las manos agrietadas por la escarcha, los ojos casi cerrados de más de treinta horas sin dormir, pero aunque no lo pareciese, aún le sobraban fuerzas para esperar lo que más quería.
Atento a los movimientos de sus compañeros, disimulando, torcía la cabeza para mirar atrás. Alguno de ellos miraba asustado las grietas que aparecían por las maderas de la barca que se multiplicaban mientras iban avanzando.
Difícil de entender como en horas su vida cambiaría por completo, dejando su país, pasaría unas cuantas horas observando las olas hasta llegar a tierra. Como una burbuja que asciende desde el fondo del mar hasta llegar a la superficie, todo el trayecto rodeada de agua hasta llegar a arriba.
Fingiendo estar acomodado, encima de una bolsa de deporte donde dentro llevaba cuatro trapos viejos, entabló conversación con uno de sus compañeros allí presente. Quizá fuese la única solución de ahuyentase el hambre en aquella situación.
Su compañero, de nombre desconocido, alto y robusto parecía cansado. No era de extrañar, pues su travesía no era ni corta ni fácil. Después de un tiempo hablando, llegaron a la conclusión de que no les podían cerrar las fronteras.
A altas horas de la madrugada, un viento fuerte hizo que…
Tenía las manos agrietadas por la escarcha, los ojos casi cerrados de más de treinta horas sin dormir, pero aunque no lo pareciese, aún le sobraban fuerzas para esperar lo que más quería.
Atento a los movimientos de sus compañeros, disimulando, torcía la cabeza para mirar atrás. Alguno de ellos miraba asustado las grietas que aparecían por las maderas de la barca que se multiplicaban mientras iban avanzando.
Difícil de entender como en horas su vida cambiaría por completo, dejando su país, pasaría unas cuantas horas observando las olas hasta llegar a tierra. Como una burbuja que asciende desde el fondo del mar hasta llegar a la superficie, todo el trayecto rodeada de agua hasta llegar a arriba.
Fingiendo estar acomodado, encima de una bolsa de deporte donde dentro llevaba cuatro trapos viejos, entabló conversación con uno de sus compañeros allí presente. Quizá fuese la única solución de ahuyentase el hambre en aquella situación.
Su compañero, de nombre desconocido, alto y robusto parecía cansado. No era de extrañar, pues su travesía no era ni corta ni fácil. Después de un tiempo hablando, llegaron a la conclusión de que no les podían cerrar las fronteras.
A altas horas de la madrugada, un viento fuerte hizo que…








Tags:


