PORRERES (Illes Balears)
Día 17
3 Mayo 2008 17:01
Aquel día no era mi mejor día, y aún así, tenía una sensación de felicidad, como si tuviera maripositas en el estómago. Era imposible que fuese por eso, porque esas cosas ya no me afectaban, ya pasaba de esos temas tan infantiles, ya no me encontaba en esa etapa de mi vida, la estúpida etapa enamoradiza. Los paseos por la playa, las tardes de cine, las noches de fiesta con él y otras muchas cosas ya no me intersaban lo mínimo. Él formaba parte de mi pasado y no quería que volviese a perturbar mi vida. No quería que formara otra vez parte de mi vida.
¡Tonta! ¿Por qué vuelves a pensar en ese imbécil? Vete de mi vida, mediocre.
No me lo podía creer, era 17 y cómo no, él tenía que ocupar mi mente.
Sí, yo era de esa clase de personas a las que les encanta eliminar cosas de su pasado, pero muchas veces no puedo enviar a la papelera de reciclaje muchos momentos que se inscriben en mi dichosa memoria.
Toc, toc. Llamaban a la puerta, ¿quién podía ser a la dos y media de la madrugada?
Era María y por la expresión de su cara no tenía muy buenas noticias.
- María, ¿qué ha pasado?
- José...
- ¿Qué le ha pasado a José?
María no responde.
-¡Coño María!¿dónde esta Jose, qué ha pasado?
- Yo estaba en mi habitación... fumando cerca de la ventana y he oído ¡zasss, cataplum!
He mirado hacia abajo, hacia la calle, y he visto a mi hermano tendido en el suelo, rodeado de un gran charco de sangre. Después he oído a mi madre gritar y hemos bajado a la calle deprisa. Hemos llamado a una ambulancia y, cuando han llegado los del SAMUR, lo han puesto en la camilla y se lo han llevado al Hospital General.
Yo he subido a su cuarto a buscar mi chaqueta que me la había dejado y he visto esta carta que ponía “para Ana”.
Lo único que sé de mi hermano es que está estable, pero tiene un grave hematoma en el cerebro que le puede ocasionar daños irreversibles.
Aquella noticia me dejó estupefacta. Tenía una sensación horrible, las piernas me flaqueaban y me empezada a debilitar. Me desmayé.
¡Tonta! ¿Por qué vuelves a pensar en ese imbécil? Vete de mi vida, mediocre.
No me lo podía creer, era 17 y cómo no, él tenía que ocupar mi mente.
Sí, yo era de esa clase de personas a las que les encanta eliminar cosas de su pasado, pero muchas veces no puedo enviar a la papelera de reciclaje muchos momentos que se inscriben en mi dichosa memoria.
Toc, toc. Llamaban a la puerta, ¿quién podía ser a la dos y media de la madrugada?
Era María y por la expresión de su cara no tenía muy buenas noticias.
- María, ¿qué ha pasado?
- José...
- ¿Qué le ha pasado a José?
María no responde.
-¡Coño María!¿dónde esta Jose, qué ha pasado?
- Yo estaba en mi habitación... fumando cerca de la ventana y he oído ¡zasss, cataplum!
He mirado hacia abajo, hacia la calle, y he visto a mi hermano tendido en el suelo, rodeado de un gran charco de sangre. Después he oído a mi madre gritar y hemos bajado a la calle deprisa. Hemos llamado a una ambulancia y, cuando han llegado los del SAMUR, lo han puesto en la camilla y se lo han llevado al Hospital General.
Yo he subido a su cuarto a buscar mi chaqueta que me la había dejado y he visto esta carta que ponía “para Ana”.
Lo único que sé de mi hermano es que está estable, pero tiene un grave hematoma en el cerebro que le puede ocasionar daños irreversibles.
Aquella noticia me dejó estupefacta. Tenía una sensación horrible, las piernas me flaqueaban y me empezada a debilitar. Me desmayé.








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