LAS PALMAS DE GRAN CANARIA (Las Palmas)
el medallón del Cuervo
6 Mayo 2008 22:13
El reloj de la torre marcaba las doce y media de la noche. Acababa de salir del bar e iba dando tumbos por la pedregosa calle. Con la niebla no se veía nada, y de repente tropecé con algo que estaba en el suelo y caí, dándome en la nariz con una piedra que sobresalía de la acera. Me volví a colocar bien la chaqueta, y aun con la vista nublada por la cogorza, alcance a ver algo que brillaba en la acera. Me agaché a recogerlo.
A simple vista no parecía mas que un colgante algo mohoso. Pero a mi me recordó algo mas. Me recordó a mis tiempos de piratería, concretamente a una batalla que libramos en el Estrecho de la Sabina, un lugar entre la ficción y la realidad que decían llevaba a la isla de San Borondón, y que solo se podía ver cuando la luna estaba justo sobre una de las Islas Afortunadas, Gran Canaria.
Luchábamos contra otro barco pirata, capitaneado por “El Cuervo”. Yo, joven e inexperto, andaba a gatas por todo el barco, intentando huir de las espadas y disparos que volaban por la cubierta del barco, cuando, de improviso, el cuerpo del Capitán Cuervo cayó ante mí. Sus ojos, abiertos de par en par, me miraban con dolor. Y en su pecho estaba el mismo medallón que ahora mismo tenia en mis manos.
Miré una vez mas el medallón, aún perplejo. Oí unos pasos que se acercaban a mi por detrás y antes de que me diese tiempo de girarme estaba inconsciente en el suelo. Me desperté atado de pies y manos en lo que parecía ser la bodega de un barco. Además, creo que estaba en medio de una tempestad, pues los barriles de agua giraban de un lado a otro y se oían gritos en cubierta. Se abrió la puerta y un hombre alto y corpulento dijo:
- ¿Qué? ¿nos ayudas?
A simple vista no parecía mas que un colgante algo mohoso. Pero a mi me recordó algo mas. Me recordó a mis tiempos de piratería, concretamente a una batalla que libramos en el Estrecho de la Sabina, un lugar entre la ficción y la realidad que decían llevaba a la isla de San Borondón, y que solo se podía ver cuando la luna estaba justo sobre una de las Islas Afortunadas, Gran Canaria.
Luchábamos contra otro barco pirata, capitaneado por “El Cuervo”. Yo, joven e inexperto, andaba a gatas por todo el barco, intentando huir de las espadas y disparos que volaban por la cubierta del barco, cuando, de improviso, el cuerpo del Capitán Cuervo cayó ante mí. Sus ojos, abiertos de par en par, me miraban con dolor. Y en su pecho estaba el mismo medallón que ahora mismo tenia en mis manos.
Miré una vez mas el medallón, aún perplejo. Oí unos pasos que se acercaban a mi por detrás y antes de que me diese tiempo de girarme estaba inconsciente en el suelo. Me desperté atado de pies y manos en lo que parecía ser la bodega de un barco. Además, creo que estaba en medio de una tempestad, pues los barriles de agua giraban de un lado a otro y se oían gritos en cubierta. Se abrió la puerta y un hombre alto y corpulento dijo:
- ¿Qué? ¿nos ayudas?








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