ORDIZIA (Guipuzcoa)
Mentes Retorcidas
7 Mayo 2008 10:43
Bueno, pues no sé qué escribir, la verdad. ¡Es que estoy en blanco! Pero como me conviene escribir para así subir la nota, empezaré, o aunque sea lo intentare.
Fermín era un chaval de lo más normal. Sus aficiones o hobbyes eran también de lo más normal: le gustaba comer chocolate; tocaba el didjeridu, un instrumento de los aborígenes australianos muy difícil de tocar, pues hay que respirar y aspirar al mismo tiempo; le gustaba vestirse de chica, eso último le encantaba mejor dicho; se pasaba horas delante del ordenador; empollaba todo lo que podía y más y además le encantaba salir con sus amigos (en realidad no salía casi nunca, pero él decía que salía muchísimas veces), y, además, nunca de noche. La verdad era que no le gustaba mucho salir de noche, y por mucho que todos le dijeran que saliera él siempre se negaba. Prefería quedarse en casa, en su habitación, bien resguardado e investigando por la red delante de su ordenador.
Tenía muchas ideas, era muy ambicioso, en el sentido de planear e idear su vida. Quería ser arquitecto, ya estaba en el tercer curso de carrera y pensaba lograr la mejor nota; después de la carrera de arquitecto tenía pensado ser jefe de un gran banco; se pensaba presentar como candidato a presidente del gobierno; y, además, quería ser un pez gordo anónimo, esto es, un traficante, pero al mismo tiempo controlar toda la policía.
Eran un poco contradictorias sus ideas y su forma de ser. Pues no era lógico que un chaval cerrado tuviese unas ideas tan tiránicas. Además estaba llamado a tener un gran futuro como arquitecto o alguna otra disciplina.
Y en su opinión, era un poco desgraciado, porque no tenía capacidad para el deporte; pero su consuelo era que tenía una gran e inteligente mente, que era suficientemente cautivador para tener a todos a sus pies.
Pero sus intenciones no eran las de ser un buen y bien pagado arquitecto, eso sólo lo utilizaba como tapadera, para que nadie sospechara nada, para que pareciera que era muy responsable y muy bueno. Además no salía mucho a la calle queriendo, no quería que la gente le viera mucho, pues podía suceder que cuando él fuera un pez gordo, alguno le conociera personalmente, y eso a él no le interesaba. Ni siquiera sus amigos ni sus padres le conocían como realmente era, ni tampoco conocían ninguna de sus ideas. Y aunque sus ideas o proyectos fueran de loco, iba muy en serio, pero muy en serio además…
Fermín era un chaval de lo más normal. Sus aficiones o hobbyes eran también de lo más normal: le gustaba comer chocolate; tocaba el didjeridu, un instrumento de los aborígenes australianos muy difícil de tocar, pues hay que respirar y aspirar al mismo tiempo; le gustaba vestirse de chica, eso último le encantaba mejor dicho; se pasaba horas delante del ordenador; empollaba todo lo que podía y más y además le encantaba salir con sus amigos (en realidad no salía casi nunca, pero él decía que salía muchísimas veces), y, además, nunca de noche. La verdad era que no le gustaba mucho salir de noche, y por mucho que todos le dijeran que saliera él siempre se negaba. Prefería quedarse en casa, en su habitación, bien resguardado e investigando por la red delante de su ordenador.
Tenía muchas ideas, era muy ambicioso, en el sentido de planear e idear su vida. Quería ser arquitecto, ya estaba en el tercer curso de carrera y pensaba lograr la mejor nota; después de la carrera de arquitecto tenía pensado ser jefe de un gran banco; se pensaba presentar como candidato a presidente del gobierno; y, además, quería ser un pez gordo anónimo, esto es, un traficante, pero al mismo tiempo controlar toda la policía.
Eran un poco contradictorias sus ideas y su forma de ser. Pues no era lógico que un chaval cerrado tuviese unas ideas tan tiránicas. Además estaba llamado a tener un gran futuro como arquitecto o alguna otra disciplina.
Y en su opinión, era un poco desgraciado, porque no tenía capacidad para el deporte; pero su consuelo era que tenía una gran e inteligente mente, que era suficientemente cautivador para tener a todos a sus pies.
Pero sus intenciones no eran las de ser un buen y bien pagado arquitecto, eso sólo lo utilizaba como tapadera, para que nadie sospechara nada, para que pareciera que era muy responsable y muy bueno. Además no salía mucho a la calle queriendo, no quería que la gente le viera mucho, pues podía suceder que cuando él fuera un pez gordo, alguno le conociera personalmente, y eso a él no le interesaba. Ni siquiera sus amigos ni sus padres le conocían como realmente era, ni tampoco conocían ninguna de sus ideas. Y aunque sus ideas o proyectos fueran de loco, iba muy en serio, pero muy en serio además…








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