LA ALMUNIA DE DOÑA GODINA (Zaragoza)
era una noche fría...
13 Mayo 2008 14:22
Era una noche fría y oscura de invierno. Estaba en mi cama, tapándome con la suave manta, y tumbando mi cabeza sobre la esponjosa almohada me entraron unos pensamientos de terror. Estaba caminando por un camino, un camino sin principio ni fin, no sé a dónde podría llegar, y ni siquiera de de dónde había partido. Andaba y andaba por un bosque, las ramas se cruzaban en mi camino, y oía como los búhos ululaban, y como los murciélagos sobrevolaban mi cabeza. No había nadie que me guiara, la luna no brillaba, aquella luna que parecía esconderse de mí. Escuchaba voces, veía sombras, estaba perdida, alejada del mundo, sin saber a dónde ir, y sin saber con quién hablar. Me preguntaba ¿cómo he llegado hasta aquí, será alguna broma, o alguna pesadilla de la que no puedo despertar? No sabía qué hacer, tenía que seguir andando, para poder encontrar alguna salida. Pero cuanto más andaba más adentro me internaba, más perdida estaba. Cómo me iba a librar del peligro, de alguien que quisiera hacerme daño. Me horrorizaba pensar en eso. Encontré una casita de madera, que parecía que estaba abandonada. Al fin podía esconderme y descansar de aquel largo camino que había andado. Entré. No había nadie, tal y como lo sospechaba. Sólo había una cama deshecha, y una lámpara en un cajoncito viejo. Me acosté en la cama y me tapé con la manta que estaba encima cuando llegué. Tenía miedo de que la casita fuera de alguien que en ese momento estaba ausente, y que en cualquier momento podía llegar y encontrarse a una desconocida acostada en su cama. Me parecía escuchar voces, y sonidos que no sabía de donde venían, ¿sería cierto que no estaba sola en aquel bosque, o que alguien me seguía? Pero quizás era mejor estar acompañada de alguien, ¿o sería peor? Me hacía preguntas absurdas a las que nadie me podía responder. De pronto todo se silenció, no escuchaba ni a los búhos ni a nadie hacer algún ruido. Me asusté más de lo que ya estaba. Decía en voz bajita ¿qué podría ser lo que ha callado a todo el bosque? ¿Por qué ahora lo único que se escuchaba era mi aliento? Y si respiraba, quizás me podrían oir. Ahora sí. Ya se escuchaban pasos de fuera de la casita. Alguien se acercaba poco a poco a la puerta, yo pensé que podría ser el dueño de la casita. ¿Qué iba a hacer ahora? Me podría hacer daño por haberme metido en una casa ajena... No sabía qué hacer, estaba desesperada, no tenía a dónde huir. Los pasos se oían cada vez más insistentes, y yo estaba cada vez más asustada. Tenía que encontrar alguna salida para escaparme pero la casita ni siquiera tenía ventanas. La lamparita del cajoncito viejo no tenía luz, estaba completamente a oscuras, sola y asustada. No sabía qué hacer si alguien me llegase a encontrar. Y de pronto la puerta se abrió vi una silueta grande que se acercaba a mi...
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