ORDIZIA (Guipuzcoa)
Rumores en el instituto
21 Mayo 2008 10:18
¡Riiiiiiing!
Sonó la sirena del recreo, ¡por fin! Las clases se me estaban haciendo eternas. Como cada viernes, se notaba el peso de la semana. Corrí a reunirme con mis amigos bajo la cubierta del patio, por que, para colmo, llovía, llovía a mares.
Pablo, Iván y Manu ya estaban allí. Que tiempos aquellos en los que estábamos juntos en clase, sin ellos el instituto era un muermo. Cuando llegué estaban comentando los planes para el fin de semana. Como siempre, el sábado querían ir de juerga, pero yo les propuse algo diferente, algo digamos misterioso. La verdad es que siempre me habían apasionado los temas de misterios y todas esas cosas sobrenaturales que pasaban, y por los pasillos se rumoreaba que cosas extrañas estaban pasando en el instituto por las noches. Cuando se lo dije no me hicieron ni caso, creían que eran chorradas que se inventaba la gente para reírse de los pringados que se asustaban. Ellos mismos habían echo circular por ahí algún rumor que otro mas de una vez. Esta vez fue un chico muy raro de mi clase el que había dado comienzo al rumor, de hecho fue él mismo quien me lo dijo a mi… y no creo que ese chico fuera tan cabeza de chorlito como para empezar a difundir ese tipo de rumores por el instituto. Además la cosa tenia mucha credibilidad, pues su padre trabajaba en el instituto como profesor de literatura y según decía le había escuchado hablar por teléfono muy nervioso con un tal Fernández. Cuando se dio cuenta de que estaba escuchando su conversación lo hecho rápidamente de la habitación, pero él se quedo fuera, aunque fue poco lo que pudo escuchar, ya que en unos segundos se despidieron. Esto fue lo único que pudo oír:
- Otra vez, noche tras noche igual… ya no se lo que hacer, la situación esta empeorando por momentos y alguien va a empezar a sospechar. Tenemos que acabar con esto ya. No podemos permitir que salga a la luz, el instituto se vería envuelto en un escándalo… esta bien, mañana hablamos… adiós.
A mi me daba muy mala espina y no pensaba quedarme con la intriga. Pero aunque se creyeran mayores por tener 16 años, se emborracharan, fumaran y salieran con chicas seguían siendo como niños de parvulario, y lo mejor para convencerles de que me acompañaran al instituto el sábado por la noche fue retarles, hacerles una apuesta. El que pasara mas tiempo dentro del instituto por la noche ganaría, el premio: el orgullo.
Lamentablemente, dos chicas con las que solíamos estar hablando a menudo, Virginia y Esther escucharon nuestra conversación, y decidieron unirse a nuestra “intrigante aventura”. No suponían ningún peligro pues sabíamos que al mínimo rechinar de una puerta saldrían corriendo. Lo bueno que tenía era que si solo eran rumores al menos lo pasaríamos bien asustándolas… por malvado que sonara, sería divertido.
Así pues, quedamos el sábado a las 10 de la noche en la fuente que había en frente del instituto. Llevaríamos linternas y comida, pero las chicas, para variar, se trajeron toda una mochila llena de mantas, pilas para las linternas… y asta un spray antivioladores. No tenían remedio…
Una vez llegamos todos saltamos la verja en la que se encontraba la puerta de entrada, pues la cerraban por la noche, y al disponernos a entrar por la entrada principal nos dimos cuenta de que estaba cerrada con llave, por lo que fuimos a la caseta del conserje, pues alguna vez vimos como después de abrirla por la mañana la guardaba allí. La abrimos y todo estaba a oscuras, la verdad es que esos largos pasillos a oscuras, por la noche, daban muy mal rollo… comenzaba lo bueno. Encendimos nuestras linternas y comenzamos a caminar hacia adelante, sin rumbo, esperando a que algo extraño pasara, pero en el fondo todos estábamos deseando salir de allí. De pronto la puerta que estaba al fondo del pasillo, la del salón de actos, se abrió de par en par. La luz que procedía de dentro alumbraba el pasillo asta donde estábamos nosotros, pero gracias a mis rápidos reflejos, empuje a todos mis compañeros hacia un lado del pasillo, donde no se nos veía con la oscuridad. Vimos como alguien salía de aquella sala, pero no pudimos identificar su rostro.
Sonó la sirena del recreo, ¡por fin! Las clases se me estaban haciendo eternas. Como cada viernes, se notaba el peso de la semana. Corrí a reunirme con mis amigos bajo la cubierta del patio, por que, para colmo, llovía, llovía a mares.
Pablo, Iván y Manu ya estaban allí. Que tiempos aquellos en los que estábamos juntos en clase, sin ellos el instituto era un muermo. Cuando llegué estaban comentando los planes para el fin de semana. Como siempre, el sábado querían ir de juerga, pero yo les propuse algo diferente, algo digamos misterioso. La verdad es que siempre me habían apasionado los temas de misterios y todas esas cosas sobrenaturales que pasaban, y por los pasillos se rumoreaba que cosas extrañas estaban pasando en el instituto por las noches. Cuando se lo dije no me hicieron ni caso, creían que eran chorradas que se inventaba la gente para reírse de los pringados que se asustaban. Ellos mismos habían echo circular por ahí algún rumor que otro mas de una vez. Esta vez fue un chico muy raro de mi clase el que había dado comienzo al rumor, de hecho fue él mismo quien me lo dijo a mi… y no creo que ese chico fuera tan cabeza de chorlito como para empezar a difundir ese tipo de rumores por el instituto. Además la cosa tenia mucha credibilidad, pues su padre trabajaba en el instituto como profesor de literatura y según decía le había escuchado hablar por teléfono muy nervioso con un tal Fernández. Cuando se dio cuenta de que estaba escuchando su conversación lo hecho rápidamente de la habitación, pero él se quedo fuera, aunque fue poco lo que pudo escuchar, ya que en unos segundos se despidieron. Esto fue lo único que pudo oír:
- Otra vez, noche tras noche igual… ya no se lo que hacer, la situación esta empeorando por momentos y alguien va a empezar a sospechar. Tenemos que acabar con esto ya. No podemos permitir que salga a la luz, el instituto se vería envuelto en un escándalo… esta bien, mañana hablamos… adiós.
A mi me daba muy mala espina y no pensaba quedarme con la intriga. Pero aunque se creyeran mayores por tener 16 años, se emborracharan, fumaran y salieran con chicas seguían siendo como niños de parvulario, y lo mejor para convencerles de que me acompañaran al instituto el sábado por la noche fue retarles, hacerles una apuesta. El que pasara mas tiempo dentro del instituto por la noche ganaría, el premio: el orgullo.
Lamentablemente, dos chicas con las que solíamos estar hablando a menudo, Virginia y Esther escucharon nuestra conversación, y decidieron unirse a nuestra “intrigante aventura”. No suponían ningún peligro pues sabíamos que al mínimo rechinar de una puerta saldrían corriendo. Lo bueno que tenía era que si solo eran rumores al menos lo pasaríamos bien asustándolas… por malvado que sonara, sería divertido.
Así pues, quedamos el sábado a las 10 de la noche en la fuente que había en frente del instituto. Llevaríamos linternas y comida, pero las chicas, para variar, se trajeron toda una mochila llena de mantas, pilas para las linternas… y asta un spray antivioladores. No tenían remedio…
Una vez llegamos todos saltamos la verja en la que se encontraba la puerta de entrada, pues la cerraban por la noche, y al disponernos a entrar por la entrada principal nos dimos cuenta de que estaba cerrada con llave, por lo que fuimos a la caseta del conserje, pues alguna vez vimos como después de abrirla por la mañana la guardaba allí. La abrimos y todo estaba a oscuras, la verdad es que esos largos pasillos a oscuras, por la noche, daban muy mal rollo… comenzaba lo bueno. Encendimos nuestras linternas y comenzamos a caminar hacia adelante, sin rumbo, esperando a que algo extraño pasara, pero en el fondo todos estábamos deseando salir de allí. De pronto la puerta que estaba al fondo del pasillo, la del salón de actos, se abrió de par en par. La luz que procedía de dentro alumbraba el pasillo asta donde estábamos nosotros, pero gracias a mis rápidos reflejos, empuje a todos mis compañeros hacia un lado del pasillo, donde no se nos veía con la oscuridad. Vimos como alguien salía de aquella sala, pero no pudimos identificar su rostro.








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